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Tradiciones mollendinas
RINCÓN DE AMORES TRÁGICOS
Por: Dr.Anal Fairlie Altez
En la conversación corriente, cuando hablamos de las clases de amor, solemos encontrar variedad de términos como amor apasionado, platónico, carnal, lujurioso, pasajero, caprichoso, convenido, etc. Pero la clase que trasciende en la noticia es el amor trágico o el que termina con la muerte de uno o de los dos amantes. Este amor nos sorprende de vez en cuando pese al esfuerzo de las familias para que no trascienda el horror de sentir la muerte tan de improviso. Como en todas partes el final trágico tiene diversas causas y también se ejecuta con diversos medios, con o sin armas. Uno de los medios que más nos sorprendió sucedió, según nos contaron en nuestra niñez, la vez que el mar varó uno por uno los cadáveres de una pareja que días antes había sido vista nadando en la zona de los tumbos de la primera playa, interpretándose entonces como una particular forma de suicidio de pareja.
En nuestro Puerto no se puede decir que sea frecuente, pero tampoco es raro y ha sabido ocultarse bajo hechos simples como suicidio u homicidio, eludiéndose el contenido amoroso (sobre todo cuando miembros de la familia se interponen y arreglan para conseguir la apariencia de mero asunto de crónica roja. No sería extraño si el caso del mismo “Degolladito” ha tenido a Eros entre sus raíces). Pero nosotros vemos como algo especial que el desenlace de algunos de estos amores suceda en nuestra tierra y es en mérito a esto que mencionaremos dos casos que sí conmovieron a nuestra vecindad entera.
El primero de ellos ocurre a finales de la década del cuarenta del siglo pasado en la relación que no se definía entre la bella hermana de un conocido comerciante de telas y un oficial de la policía de investigaciones, no mollendino. Una mañana de domingo cuando ella subía por la quinta cuadra de la calle Arequipa para asistir a su oficio religioso es interceptada por el oficial que sin más sacó su arma y disparó a matar pronunciando la frase terminante de “mía o de nadie” y dispararse enseguida en la cabeza ante el asombro y espanto de los ocasionales transeúntes.
El segundo caso es relatado a manera de cuento por el autor cocachacrino don Constantino Carpio Toranzo en la revista “La voz de Mollendo” de febrero del presente año. Dicho autor, en la época que realmente ocurrió el hecho, trabajaba de vigilante en el aeródromo de Mollendo cuando al atardecer del día sábado 19 de diciembre de 1970 vio que un avión bimotor militar procedente de Lima descendía hasta ubicarse al final del campo de aterrizaje y allí quedó sin dar señales de vida. Ya con intervención de la policía se encontró el aparato herméticamente cerrado; se violentó entonces la portezuela y se dieron en primer lugar con el cuerpo de una joven mujer que agonizaba por balazos en la sien y en el corazón y en el piso al capitán de la fuerza aérea aún vivo pero con la herida de bala en la sien y a su lado una pistola y cartas que daban prueba del acuerdo trágico. Mientras el pequeño bimotor se aprestaba a aterrizar se logró percibir que al lado del piloto la mujer hizo la señal de adiós con la mano. Ambos, siendo de la capital escogieron Mollendo para su fatal determinación.
Los casos muy sonados como los dos últimos mencionados, juntos con otros también, nos acercan a colegir que no vaya a ser que sin darnos cuenta nuestra tierra pueda estar siendo elegida como una esquina o rincón para el desenlace de los amores trágicos.
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Tradiciones mollendinas
LOS DESAYUNOS DEL HOTEL PLAZA
Por: Dr.Anal Fairlie Altez
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Tradiciones mollendinas
LA GOICOCHEA
Por: Dr.Anal Fairlie Altez
En natación no sólo teníamos los saltos ornamentales y las competencias a nado en la Piscina, aparte de los saltos temerarios en La Aguadita; teníamos además otro ejercicio acuático que demandaba quizá mayor riesgo y esfuerzo; se trataba de nadar mar afuera para poner a prueba la orientación y la resistencia frente a las corrientes marinas. Este ejercicio era más frecuente antes que ahora y es que antes teníamos los lanchones fondeados en la bahía y era una meta acariciarlos de pasada. Los nadadores de entonces (años 30 y 40 del siglo pasado) partían del muelle o de La Aguadita y regresaban después de satisfacer el ansia de tocar un lanchón en una tirada que exigía pujanza y serenidad (se decía que esto era pan comido para algunos contrabandistas que además debían volver con carga al hombro). Había trayectos cortos como ir del Baño del Cura a La Aguadita y largos como ir al Chungungo, a Catarindo o de La Aguadita a la Primera Playa.
Lo que queremos subrayar ahora es que en estas prácticas también intervenían mujeres y eso era más notorio en aquella época. Por ejemplo, sabemos de oídas que destacaba en esas incursiones una muchacha conocida como La Goicochea que era muy hábil en estilo libre y crol y que dominaba nuestro litoral en todas sus playas y caletas. Para tener una idea más fidedigna de ella veamos lo que nos dice su contemporáneo y amigo el mollendino héroe de la aviación norteamericana de la segunda Gran Guerra Renato Holguín Rivera en su libro “La ruta del recuerdo”: “…Ahí vimos a Yolanda Goicochea, una chica que nadaba como un pez y que pocos hombres podían igualarla… Se podía ir haciendo paradas de descanso, primero a La Aguadita y después al Chungungo. Estos dos lugares estaban a respetable distancia del Baño del Cura y se necesitaba valor, destreza y resistencia para llegar a ellos; además el agua cambiaba de temperatura, de tibia a fría, cada ochenta o cien metros, y esto podía causar calambres. Recuerdo bien este peligro porque una ves que yo estaba nadando hacia las lanchas, me agarró un calambre y casi me ahogué. Por suerte, Yolanda Goicochea, que estaba cerca de mí, vino a mi ayuda y me llevó a unas rocas cercanas…” digamos que fue un encuentro de héroe y de heroína.
Estamos seguros que de cada generación salen una o más muchachas del temple de la Goicochea que el recato de la mujer las mantiene en el anonimato. Entre las chicas y chiquillas de la playa y La Aguadita aparecen de pronto algunas que disfrutan de la natación mar afuera, que tal vez debiera tener el estímulo de los amigos del deporte como otra especialidad cultivada en nuestro Puerto. Para el efecto, pueden ser útiles las actuales jornadas de entrenamiento de nuestros recordman, como Rubén Medina, que, digamos son especialistas en esta materia.
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Tradiciones mollendinas
LA VÍA SACRA
Por: Dr.Anal Fairlie Altez
(Artículo del autor publicado en la revista “Puerto Bravo” de marzo de 1984)
Me cuentan que antes era una nutrida y larga procesión que entre gallos y medianoche de Semana Santa serpenteaba por las calles del Puerto. Como ocurre también ahora, se partía de la puerta de la parroquia de La Inmaculada que da a la calle Arequipa. Todos provistos de cerillos y algo más. Al lado del cura iba don Mariano Rivera al comando del popular coro de voces que canturreaba el estribillo alternante con los versos del responsorio leído a la luz de las velas: ¡Perdona, Dios mío¡…
Los patriarcas del pueblo encabezaban la procesión nocturna y exclusiva para hombres. Entre las décadas del 40 y 50 asistían sin falta los Rojas, Los Salazar, Los “Poroto” Núñez y los otros Núñez, los Pastor, La Rosa, Zegarra, Zúñiga, Manrique, Perea, Eguiluz, Alvarado, Muñoz, Yancaya, Díaz, Rodríguez, Fernández, Vergara, Borja, Murillo y cientos más, además de los representantes de las colonias china, británica, española y otros que viajaban expresamente desde Arequipa, Tacna, Lima, Cusco.
El ingenio popular cubría el aspecto folclórico del recorrido sin alterar lo más mínimo la unción y recogimiento con que se recordaba el simbólico sacrificio de la cristiandad. Circulaban amenazas y apariciones y mal agüero a quienes osaban atisbar desde sus entreabiertas ventanas la contrita marcha. Huesos de carnero que hacían pasar como de “muerto” y otros objetos servían de proyectiles para amedrentar a los curiosos. De pronto, sin que nadie supiera de dónde, pasaba de mano en mano una botella de “capitán”, como en los duelos familiares. También había grupos que de acuerdo a la costumbre ancestral para las jornadas arduas usaban la hoja de coca.
Dicen que don Jesús Velando contó a un tacneño recién llegado de vacaciones que esa noche de Vía Sacra salían las almas en duelo por las calles y que a veces “olvidaban” en las casas descubiertas sus tibias y peronés. Esa noche el tacneño sintió cánticos y tropel de pasos y no se atrevió a mirar. Al día siguiente se le vio recogido en el asiento del ómnibus que lo devolvió a Arequipa.
Alguien cuenta que cuando tenía 16 años fue presionado por sus amigos algo mayores para acompañar por vez primera la procesión. “Me llevaron y me pusieron en medio del grupo para no escapar. Luego me pasaron hojas de coca para “chacchar” y un pedazo de “llucta”. Todo extrañado y temeroso iba coqueando y en el reflejo de la vela veía el bolo que se me hacía en el cachete. De vez en cuando y con disimulo me alcanzaban la botella de aguardiente”.
Otro dice que nunca vio lo que sucedía adelante, porque “siempre me iba con mi grupo atrás para poderlo despertar a Miguel Kuong”.
En cada esquina se hace un alto para el siguiente responso, al término del cual el sacerdote besa la tierra, señal para avanzar una cuadra más. Al día siguiente, los niños no se explicaban las gotas de cera que cubrían todas las veredas.
El año pasado presenció la marcha fúnebre, algo raleada de gente, pero con las mismas características ceremoniales y folclóricas. Este año debe congregarse más gente. Es una expresión de fervor popular que no debe extinguirse.
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Tradiciones mollendinas
LOS TEMERARIOS DE “LA AGUADITA”
Por: Anal Fairlie Altez
Desde tiempo atrás hemos contado en Mollendo con dos sitios para la práctica acuática de los saltos ornamentales: el trampolín de la piscina municipal y los pasadizos de La Aguadita. El primero dejó de existir en las postrimerías del siglo pasado debido a una “modernización” del local que acabó con su estructura arquitectónica típica que, entre otras cosas, perdió su trampolín de cuatro pisos desde el cual los muchachos ponían a prueba sus destrezas aéreas, especialmente cuando arrancaban sus vuelos desde los dos últimos pisos más altos. Esa práctica era una tradición mollendina sin par en nuestras ciudades vecinas. En la década del cuarenta destacaba, por ejemplo, el “Lobo” Ampuero, conocido también como “Arbolito”, que tenía la particularidad de dar sus saltos con toda la impresión de hacerlos en cámara lenta para admiración de los espectadores. Y muchos jóvenes más hacían ese tipo de acrobacia como los hermanos Jorge y Gastón O’Brien, Alan Fairlie, Antonio “Dicivas” Rodríguez, etc. El retiro de ese trampolín fue una verdadera pérdida para la sana pluralidad de dedicaciones de nuestra juventud.
Felizmente subsiste La Aguadita que no tiene trampolín específico pero cuyos pasadizos y barandas son utilizados para dar los saltos correspondientes. El más alto de éstos tiene aproximadamente la misma altura que el cuarto piso que hemos visto de lo que fue en la piscina; estamos hablando de alrededor de diez metros. Pero mientras en la piscina la poza tiene tres metros de profundidad, la de La Aguadita tiene a penas un metro, lo cual hace mucho más riesgoso el salto. Entonces los muchachos aquí tienen que esperar que entre a la poza la ola de mar que penetra por la abertura allí existente y eleve la pasajera profundidad. Esto particulariza los saltos en La Aguadita, son más atrevidos y, diríamos, estrictamente más planeadores para resolver la escasa profundidad. Ver tirarse desde esas alturas es algo realmente increíble, estremecedor y escalofriante. Cuando por la década pasada del 80 hizo su última visita a Mollendo Daniel Carpio “Carpayo” se quedó abismado al ver la temeridad de los chicos; posiblemente ya no se acordaba de cuando él hacía lo mismo en sus años mozos.
Pero no sólo es el salto en la poza sino también detrás del local, en la poza natural que dejan las rocas vivas, donde también tienen que esperar que llegue la ola para lanzarse desde lo alto. Esto sugiere algunas explicaciones pues algunos dicen que en el fondo pétreo hay un canal entre dos rocas blancas que hace de punto de referencia pero otros aseguran que ese canal no es suficiente garantía y que lo único seguro es el aumento de volumen con la ola que llega. Una vez que vuelven a la superficie, los muchachos tienen que lidiar con el entrecruzamiento de las olas que se forman por el choque contra las rocas y encontrar el momento y el sitio para poder trepar en la peña y salir.
Cada verano nuevas tandas de muchachos le entran a la proeza que está por convertirse en atractivo turístico. Recordamos algunos nombres de tiempo atrás, por ejemplo, “Pelicán” Álvarez, “Camuito” Bustamante, “Beto” Alvarado, “Negro” Polo, Luis “Corazones” Rodríguez, “Nano” Gallegos, etc. Y decenas y centenas más que exponían la nota de peligro al placer de disfrutar de las olas de mar.
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Tradiciones mollendinas
ORIGEN DEL VALS “PUERTO BRAVO”
Por: Anal Fairlie Altez
En 1945, radio Victoria de Lima organiza un concurso nacional de música criolla. Se trataba de competir primero por regiones para llegar a las semifinales departamentales. Los hermanos Quintana salieron triunfantes en Arequipa y con representación departamental viajaron a Lima a lidiar con lo mejor del resto del país. En una gran final del criollismo se llevan el galardón del triunfo interpretando un vals de Lorenzo Humberto Sotomayor. Ya en “la cumbre de la sintonía” sigue un radiante itinerario de actuaciones y contratos que comienza con la emisora promotora del concurso radio Central, radio América y los más importantes centros de esparcimiento nocturno de la capital, hasta un ventajoso contrato con una entidad de Santiago de Chile, donde sólo viajaron por un mes –aprovechando su periodo de vacaciones laborales “porque siempre hemos tenido la música como hobby y tenido como norma el cumplimiento con nuestros empleos”, nos dice Néstor- pero tuvieron que quedarse algo más por la demanda de los aficionados y del empresario que desde la capital mapochina solicitó a sus centros de trabajo una ampliación de vacaciones que fue concedida. El poco desarrollo de la industria disquera nacional de entonces no permitió que su rutilante carrera llegara a trascendencia continental.
ANTECEDENTES
Augusto, primera guitarra y tercera voz, Néstor, segunda guitarra y segunda voz, y Salvador Quintana Valdivia, primera voz y guitarra conformaban el afamado “Trío Perú” que hizo vibrar por una década el ambiente musical limeño, y a quienes Alejandro Fiascunari los ha llamado “sacerdotes” por haber rebautizado a Mollendo con el nombre de Puerto Bravo. Nacieron en la calle Tambo ( hoy Deán Valdivia) y pasaron su niñez en la calle Islay frente al Club América. Hijos de don Benigno Quintana Villegas, Comandante del Reguardo y fundador de “La Voz del Obrero” órgano oficial de la Confederación Coaligada Obrera, que también la fundara, y de doña Sofía Valdivia de Quintana. Ya destacaban en el arte desde la escuela 961, a la que Salvador llama cariñosamente “la universidad del 961”, entonces bajo la conducción de Nicanor Rivera Cáceres.
ESCONDIDO ENTRE LAS ROCAS
Cuenta Salvador que cuando estaba por cumplir los catorce años, iba con su familia de paseo a Chiguas en la lancha “Nueva York” (que a la sazón hacía ese recorrido junto con la “Colepato”) y a poco de zarpar se descompuso el motor y quedaron al garete. “Yo iba echado en la proa y miraba lejos el faro de Islay. Recuerdo que arreglaron el desperfecto con una cuerda de guitarra y emprendimos el regreso. Veía sólo la punta de la torre de la iglesia que a ratos se perdía y reaparecía por el movimiento de la embarcación. Entonces surgió esa imagen que dio lugar a la canción: “Escondido entre la rocas…” a ello se sumó todo el recuerdo de nuestros paseos a las lomas, los preparativos a la media noche, el alquiler de los burros, provisiones de leña, comestibles, la carpa y hacíamos la “pascana” a la Cruz de Palo. Los mayores tomaban “mistelas” (semejante al “capitán”). Después del descanso y amaneciendo subíamos a quitasol y sentíamos el aroma de las flores y veíamos las bandadas de jilgueros; luego el olor a la leche en la majada y a bajar a palomillar en la aguada. Se preparaba el chocolate y comenzaba la tertulia, el baile y el canto hasta el festín del almuerzo. Por la tarde, cada grupo de familias elegía a su reina de las lomas y eso daba lugar a más música y versos. Regresábamos con ramos de ambarinas y amancaes”.
BRAVO DE BRAVURA
Pero no sólo recuerdos se expresan en “Puerto Bravo”. Es también actitud admirativa. Salvador nos sigue diciendo que “Lo de ‘bravo’ expresa mi respeto al mar, a las dificultades del trabajo portuario de entonces y, sobre todo el valor del mollendino. He sido testigo de hechos de hombría y valor en defensa del pueblo, así como de arriesgadas maniobras en la estiba y de arrojo de nuestros muchachos. El embarque del ganado en el mar encrespado, el esquive del peñón de El Toro, el capear el tumbo grande por el “Lobo” Ampuero, la temeridad del “Tronchas” Rojas, los pronunciamientos colectivos y tantos hechos dignos de la mayor admiración. También en cualidades artísticas como la de Jael Bejarano “El Gardel mollendino” que eclipsó a todos los tanguistas de la capital”.
Augusto nos dice que lo que más admira de “Puerto Bravo” es que “resume una experiencia intensamente vivida y eso me asocia el mismo sentimiento de hubo de tener el “Chato” Raigada cuando en Chile expresó: “Tengo el orgullo de ser peruano y soy feliz” que es otra canción patria”.
ÉXITO ROMÁNTICO
Los hermanos Quintana inician su vida artística en Arequipa donde actuaban bojo el nombre de “Los Porteñitos” integrado por Augusto, Salvador y Ernesto Álvarez Valdivia, primo hermano de los primeros. Los tres viajaron triunfantes a Lima, pero a poco del galardón nacional, su primo regresa al Misti y su lugar es ocupado por Néstor. Tocaban música internacional, pero su mayor éxito ante el público fue por su interpretación de la música de “Los Panchos” de quienes dominaban hasta 62 boleros. Ya en Lima adoptan el nombre de “Trío Perú”.
En 1955 y por un asunto familiar viajan a Mollendo y son invitados por el Club de Tiro, donde juntos interpretan por primera vez “Puerto Bravo”, aunque ya había sido compuesto en mayo de 1933, casi a los 14 años de Salvador. Actualmente “sólo tocamos en familia y no nos olvidamos de ensayar de vez en cuando algunas nuevas tonadas”. Dejaron la actividad artística en 1954.
¡Nuestro reconocimiento, hermanos Quintana Valdivia”.
(Esta entrevista del autor a los hermanos quintana se publicó en la revista “Puerto Bravo” Nro. 7 de setiembre de 1984.
Actualmente sólo vive Salvador, con 91 años, el autor de nuestro vals, a quién estamos enterando de esta transcripción).
Tradiciones mollendinas
RECORDANDO A NUESTROS GERENTES CRIOLLOS
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Lejano recuerdo tenemos de los primeros gerentes que no eran gringos pero que se parecían mucho a ellos. Eran muy cuidadosos de la elegancia y la pulcritud en el vestir. Ostentaban el casimir inglés en sus ternos con chaleco, reloj de bolsillo con cadena colgante, calzado siempre nuevo a veces con polaina adjunta, pechera ornada con pañuelo fino y clavel rojo, culminando todo el cuidado con el infaltable sombrero de la marca Borsalino adquirido en el parque Duhamel de Arequipa. Eran pues caballeros de la antigua usanza de los que apenas tenemos reminiscencias. Ahora vamos a hacer referencia a los gerentes criollos que veíamos a mediados del siglo pasado para los que la extrema elegancia asomaba sólo algunos domingos y ceremonias especiales. No los tenemos con sus nombres completos ni sabemos de todos pero mencionaremos algunos sin orden para acercarnos algo al recuerdo de su influencia en el Puerto: Aureliano Navarrete, Jesús Velando, Gygax, Díaz Dulanto, Midolo, Coloma, Oscar Velarde, Daniel Málaga, Ibarra, Ayres, Manuel Madalengoytia, Eduardo Velásquez, Alberto Tapia, Chang, Vela, etc. Todos varones, todavía las damas no habían incursionado en el círculo gerencial. Conformaban una poderosa capa social especializada en el campo del comercio y la administración; pero no era una especialización emanada de estudios universitarios o institutos superiores que por ese tiempo no existían en esos rubros a nuestro alcance. Se trataba simple y llanamente de personal dispuesto a sacar lustre a su inteligencia y aplicarla con acierto hasta lograr la capacidad para resolver lo pertinente en cada situación de trabajo dirigencial. Ellos mismos se hacían su propia formación escalando de grado a grado en los ascensos e integrando sus experiencias hasta llegar a la aptitud para ejercer el comando y responsabilizarse del quehacer empresarial. Muchas veces llegaban a dar cátedra de señorío y pericia en el trabajo. Eso sí, cuidaban de responder con altura a sus servidores y mantener la distancia y disciplina necesarias para garantizar la eficiencia del trabajo en equipo.
Para los observadores era evidente que la actitud que resaltaba en su desempeño era sed de alto rendimiento que parecía derivar de una necesidad de competir de igual a igual con las gerencias de extranjeros, aspiración que casi siempre se lograba y no pocas veces superaba. (Dicha sed manifestada como vehemencia de cumplimiento obligaba a estar tan sintonizado con el trabajo que a veces se llegaba a patinar en las acciones, como cuando uno de ellos se preparaba con su ayudante para recibir a un barco extranjero que como sabemos hacían sonar su sirena de llegada desde antes de fondear. Pero la casualidad hizo que pasara por la calle don Baldeón con su recua de asnos y uno de estos soltó tal rebuzno que entró como sirena a la oficina y le hizo exclamar a nuestro mandamás: Vamos, hijo, que ya llegó el barco).
El crédito de nuestros gerentes criollos resonaba tanto en Arequipa y Callao como en las centrales de las casas comerciales del extranjero y para nosotros es motivo de beneplácito saber que, como se afirma, gracias a su desempeño es que agencias como Robert’s y Ferreyros hayan tenido su nacimiento en Mollendo.
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Tradiciones mollendinas
O’BRIEN
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Este artículo también puede llamarse El Hombre Deporte para referirnos a Gastón O’Brien, el quinto de ocho hermanos conocidos igualmente como deportistas. “Desde que recuerdo, toda mi vida he hecho deporte”, dice Gastón y en ese sentido representa para nosotros la tradición expresada por todos los que siguen la misma pauta de la preferencia por el ejercicio físico. A sus ocho años de edad, junto con su amigo César Salazar, jugaba a la pelota por la calle Puno. En el colegio Pacheco, por el año 1943, formaba un equipo de básquet escolar invencible en la provincia, juntamente con Otto Quiroz, “Quiscón” Núñez, Mateo “Loco” Alemán y Juan “Ojo” Adriazola.
Si bien el fútbol y el básquet llevaban su mayor dedicación no dejaba de participar en otras competencias en las que también brillaba. Así, ha sido campeón de tiro al blanco con carabina 22 y ha ganado en salto alto en el club Nacional en coteja con el “Sapo” Portugal. Pero buen tiempo se dedicó a la piscina y al mar. Fue parte del equipo de natación representativo de Mollendo con Miguel Chang, Alfredo Paredes, Alfonso “Chino” Lo, Arturo “Mono” Nicoli y “Crispín” Núñez del Prado. Competía él en estilo libre y gracias a que observaba a “Arbolito” Ampuero, hermano de “Firpo”, aprendió el culto a los saltos ornamentales sobretodo desde el cuarto piso del trampolín de nuestra añorada piscina
de donde lo recordamos tirándose de palomita y , más traviesamente, de paloma invertida que arrancaba aplausos de los bañistas. Y en la playa era también de los que entraban al tumbo grande de voluntarioso salvavidas, habiendo librado de ahogarse a varias personas, casi siempre arequipeñas.
Felizmente no ha sufrido mayores tropiezos o accidentes deportivos. Recuerda que en algún momento recibió un puntapié en la pantorrilla y cayó pero al ver que la bola venía y caído como estaba no perdió la oportunidad de cabecearla motivando el aplauso del público. Eso fue en los tiempos que jugaba entre otros con Lucho Valencia, el “Flaco” Galloso, Carmelo Ibarra. Conserva también su admiración por futbolistas destacados como a “Piloto” García “por su técnica en el juego” y a los arqueros Hugo “Máspoli” Rodríguez y Jaime “Chivo” Díaz. Así también al basquetbolista Julián Antezana. Tampoco olvida a connotados árbitros como a don Andrés “Palo” Pastor.
Al cumplir los cuarenta años de edad deja sus dos deporte preferidos y se dedica al tenis que actualmente continúa practicando dos veces a la semana. “Pinocho” Espinoza lo introdujo y le enseñó este deporte que “Ahora es para mí algo para el consumo, sólo para ejercitarme”.
“Cuando dejo de hacer ejercicio me siento mal, como si me deprimiera y vuelvo a la vida al retomar la actividad”. Su hábito de medio día es “terminar de almorzar, fumarme un cigarrillo (sólo uno fumo) y hacer la siesta sin que nada ni nadie me interrumpa”, come de todo pero evita las verduras, con excepción de la lechuga. En las reuniones es “cervecero cien por ciento” y de otros licores gusta del piscosour. Y así continúa la vida sana y sin mayores abstenciones del amigo Gastón, que a sus 83 años no se desprende del deporte ni deja su afición por el vals criollo que particularmente lo audita como fondo musical para todo el largo rato que demora en afeitarse.
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FOTOS CARRETERA LA PUNTA DE BOMBON - ILO
Juan Carlos Zelaya Bustos
Un anhelo de muchos años de la Provincia de Islay y en especial de nuestros hermanos del Valle de Tambo por fin se esta haciendo realidad me refiero a la carretera entre La Punta de Bombón y el Puerto de Ilo gracias al convenio firmado por los Presidentes Regionales de Arequipa y Moquegua la que tiene una longitud de 91.60 Km. y la inversión alcanza el monto de 159,955.301.97 Nuevos Soles.
Las fotos que les envío muestran el avance de la obra, quiero agradecer a los amigos de AME-ISLAY encabezados por el Dr. Elard Yancaya por su colaboración.
Saludos.
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Tradiciones Mollendinas
UNA ESTRELLA NUESTRA
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Entre otros honores recibidos desde años atrás, una mollendina fue homenajeada por la UNESCO en el Día Internacional del Teatro del año 2009 mediante el Centro Peruano del Instituto Internacional de Teatro ITI. Se trata de Delfina Paredes, actriz de teatro, cine, radio y televisión con más de cincuenta años de brillante trayectoria en la actuación, en la dramaturgia y en la docencia teatral. Desde que estudió actuación en los años cincuenta del siglo pasado ha protagonizado más de treinta obras tales como “La chicha está fermentando”, “La Chunga”, “Edipo Rey” y “Ña Catita”. En cine ha participado en películas de directores reconocidos como Federico García, Augusto Tamayo, Pancho Lombardi y Alejandro Rossi. Numerosas son sus actuaciones en series y telenovelas de televisión donde es recordada sobre todo como la Chola Evangelina, figura que se extendió también en la radio y plazas públicas en los años setenta.
Es una de las pocas artistas que no olvidan su condición humana y el papel del arte en la sociedad, habiendo destacado como dirigente sindical de los artistas peruanos en los planos nacional y latinoamericano y en los dramas que ha escrito trasunta su preocupación por los problemas sociales y culturales, no siendo pocas las veces que ha rehusado participar en obras de escaso sentido social. En agosto del año pasado, en el Festival de Cine desarrollado en el Centro Cultural de La Católica (PUCP) se le otorgó el Premio Spondilus en homenaje a su destacada trayectoria.
Delfina nació en Mollendo y vivió allí algunos años de su infancia porque por el trabajo de su padre tuvo que recorrer las localidades del ferrocarril del sur hasta seguir algunos de sus años de estudio en Cusco. Terminaría luego su secundaria en Lima donde también ingresó a la universidad para estudiar química industrial que no tarda en abandonar en aras de la actuación en la entonces Escuela Nacional de Arte Escénico (hoy ENSAD). Hace algunos años fue invitada al Club Mollendo de Lima donde se le brindó un sentido reconocimiento y recibió la gratitud de sus paisanos por prestigiar el Puerto de origen. Allí nos deleitó recitándonos una extensa poesía que a instancias de su madre aprendió desde muy niña y aún recuerda en su perfección.
Delfina Paredes representa para Mollendo su mayor expresión del arte y la cultura escénica proyectada a nivel nacional.
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ESTILOS DE DOCENCIA EN EL “DEÁN VALDIVIA”
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Los modos de actuar de los profesores en el aula pueden ser entendidos de distintas maneras. Una de ellas se define por el grado de acercamiento del profesor hacia los alumnos. En nuestro tránsito de estudiante por el Colegio Nacional “Deán Valdivia” distinguíamos claramente cuando se mantenía la distancia permanentemente, como norma, y cuando el trato era menos rígido y daba opción al intercambio comunicativo. En el primer caso se subraya la disciplina, la erudición y la sobriedad expositiva, de tal manera que lo principal es el cuidado puntilloso de la programación curricular muy por encima de la necesidad de distender la relación personal. Varios de los docentes que nos enseñaron se inscribieron en esta corriente. Al Dr. César Parra lo recordamos como su modelo: sabio, cumplido, respetuoso y elegante.
En otros se acortaba la distancia a que aludimos y si bien se conservaba el respeto y la seriedad en la enseñanza, la sonrisa y la ocurrencia surgían a flor de labios y sin perder la oportunidad. Recordamos a dos maestros que modelaban este comportamiento: los doctores Isaac Torres Oliva y Oswaldo Cornejo del Carpio, igualmente elegantes que el precedente, pero algo más espontáneos y abiertos al diálogo, pues aprovechaban los temas curriculares para fomentar la relación dialogante que no temía llegar a lo gracioso y festivo que a veces hacía estallar de risa al salón. La comunicación fluía entre docente y discente abriendo el espacio para las preguntas y la confesión de los inocentes puntos de vista.
(Esta mayor espontaneidad en la relación la encontraríamos más tarde en el Dr. Azálgara Ballón, filósofo y oriundo de nuestro barrio Inclán. Un detalle lo pinta por entero y es que cierta vez estábamos esperando nuestra movilidad en una de las esquinas mistianas cuando pasa un ómnibus en una de cuyas ventanillas reconocimos al profesor que al vernos sonrió con entusiasmo y mientras se alejaba logramos ver que se irguió e hizo el ademán de aplaudir. Tanta espontaneidad no dejaba de llamar la atención y fue después que comprendimos que él se había enterado primero que nosotros de la noticia de que “El Eco de Mollendo” había ganado el concurso nacional de periodismo provincial auspiciado por la International Petroleum Company de entonces. Cualquiera de los profesores muy serios quizá habría hecho ahí sólo una venia o evitado la mirada).
Uno que con mucho aplomo articulaba las dos corrientes fue don Carlos Cuba Valdivia que brillaba como ejemplo de docente sobre todo porque era imposible que surgiera algún problema con él y porque era reconocida su maestría para hacer entender fácilmente lo difícil, además de estar siempre dispuesto a servir a los alumnos estudiosos a quienes impartía gratuitamente horas extras de enseñanza.
Aún había un estilo más bonachón donde casi se daba la igualdad de trato entre el profesor y el alumno y donde no se incurría en despropósito gracias a que se cuidaba el mutuo respeto y la colaboración mutua. Se diría que se trataba de llevar la enseñanza como entre amigos. Así de sencillo fue don Luis Barbosa quien por ejemplo llegaba a tutearse con muchos de nuestros compañeros con varios de los cuales se le ha visto hasta en discusiones altisonantes sin que, sin embargo, asomara desconsideración alguna. Era siempre don Lucho, con todo su rango y como persona debidamente admirada por ser uno de los profesores más entregados a su trabajo. Siempre tuvimos de él la impresión de que podía llegar al sacrificio por servir a los demás.
A veces aparecía por ahí uno que otro estilo que se perdía entre lo raro o lo excepcional. Realmente difícil es tratar de juzgar como mejor a una de estas corrientes, más bien hay que estimarlas en su valor según la asignatura, el contexto y la circunstancia. La heterogeneidad en la relación profesor-alumno parece haber sido la tónica en nuestro primer centro de estudios.
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Tradiciones mollendinas
UN TOQUE DE FOLKLORE ANDINO
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Desde su nacimiento Mollendo ha sido cosmopolita debido a su raigambre porteña y casi toda su actividad formal ha tenido que ver con lo extranjero. De ahí que hayamos sentido distancia con lo autóctono que, contrariamente, matizaba a todo el sur del país. De vez en cuando nos visitaba un conjunto andino o se veía una representación vernacular en los desfiles de aniversario de nuestras escuelas. Pero de pronto se evidenció que la cosa no nos era tan ajena y fue en la segunda mitad de la década de los ochenta del siglo pasado que hubo la oportunidad de participar en un concurso de música y danza folklórica que se organizaba a nivel de la región Arequipa al parecer para la festividad conocida como Raymillacta y que contaba con la asistencia de uno o más conjuntos por cada una de las ocho provincias del departamento. Mollendo estuvo entre las decenas de agrupaciones participantes.
Fueron más de treinta entre púberes y adolescentes de ambos sexos que se prepararon para el efecto teniendo como su centro motor la casa de las hermanas Irene y Lucila Velando y el apoyo incondicional del colegio San Francisco y sus instalaciones cuando su director era el padre Carlos Montesinos. Bajo la magistral dirección artística del profesor Eduardo Miranda se coordinaban los sones de guitarras, mandolinas, charangos, quenas, tambores, zampoñas y hasta platillos, flauta dulce, castañuela, cajón y pandereta que debían sintonizar con los pasos de baile correspondientes a las danzas quechuas a fin de ofrecer un espectáculo de acabado arte típico. El conjunto con sus vestimentas características y sus arreglos costumbristas en los trajes y en los instrumentos musicales ofrecía un cuadro impresionante.
Indudablemente que se trató de un esfuerzo meritorio y altamente participativo: las familias de nuestros chicos artistas revoloteaban por el domicilio de las Velando al cuidado de sus hijos y el conjunto se subdividía en grupos musicales que ofrecían actuaciones particulares con el fin de solventar los costos del vestuario e instrumental.
En la festividad regional se seleccionó a las cinco mejores representaciones para la función de fin de fiesta y en la decisión final el jurado nos dio el segundo puesto. Fue , como es costumbre, ese segundo lugar que realmente es el primero porque siempre cuenta con el fervoroso aplauso que nos dedicó la concurrencia en esa memorable ocasión. Luego fue que nuestros triunfadores brindaron una función en Mollendo y poco después fueron invitados a la Capital por el Club Mollendo, entonces presidido por Alberto Herrera, donde dieron lugar a refrescar el orgullo de ser mollendino. Algunos de esos chicos han continuado con la música como profesión y están repartidos por el país, mientras los otros no dejan de tararear en sus buenos ratos los aires andinos.
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Tradiciones Mollendinas
ÑO CARNAVALÓN
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
El Miércoles de Ceniza era el día fúnebre de las celebraciones del Carnaval. En él ya no había lugar para los corsos floridos, las mascaradas, los globos de agua, las matacholas, los chisguetes, los polvos y los pintarrajeados y en vez de todo esto, más bien, había que dar fin al festejo con el entierro del Ño Carnavalón y todas las licencias que se permitían en los tres días de juerga. Para el efecto, se hacía todo un ceremonial que con cierto grado de solemnidad organizaba el mismísimo Concejo Provincial (esto pasaba todos los años hasta fines de la década 50 del siglo pasado que fue cuando el Gobierno dispuso el fin de estos feriados). El ritual del entierro comenzaba en las primeras horas de la tarde y se hacía como que procedía de las lomas. La multitud se ubicaba al ingreso de la ciudad frente al estadio de entonces. El féretro encabezaba la marcha y era llevado en hombros por los supuestos parientes y amigos íntimos del renombrado difunto. Inmediatamente detrás iba soltando lágrimas la viuda representada por la “Negra” Armandina de quien decían que lloraba en serio, porque era ocasión de recordar la muerte de su marido.
La numerosa comitiva guardaba toda la apariencia de dolor por el duelo pese a las sonrisas furtivas, y a ello contribuía la presencia seria del representante edil y del cura seguidos de los notables de la ciudad y los sones de la marcha fúnebre orquestada por la uniformada Banda de Caperos. El cortejo bajaba por la entonces calle Las Huertas, doblaba a la calle Comercio y cruzaba el Malecón para bajar por el puente hacia la segunda playa. Una vez allí y muy cerca del pie del ferrocarril dos obreros abrían la tumba en la arena. Se escuchaba un sentido e irónico discurso que alternaba con los gritos y lamentos de la viuda. Algunos grupos del séquito se echaban polvos como rezago final de la festividad.
En una de estas celebraciones sorprendió de pronto un griterío que procedía de los veraneantes y era que una ola gigante, de esas que a veces daba comienzo a la marea alta, barría con las carpas y sombrillas y la gente se agitaba en procura de salvar sus pertenencias. El agua llegó a tocar el sitio de la ceremonia y casi alcanza la tumba y no fueron pocos los concurrentes que tuvieron que correr para evitar el remojón. El cura cumplió con su rito, se enterró el ataúd y comenzó a dispersarse la multitud cuando varios niños a mano limpia abrían la tumba, sacaban lo que ahora era nada más que el muñeco de Ño Carnavalón, lo despedazaban en trozos que agitaban como irrisorios trofeos y así terminaba cada año la ceremonia fúnebre del esperado ciclo del Carnaval.
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Tradiciones Mollendinas
MEMORIA DE LOS GERENTES GRINGOS
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Tenemos que ser por lo menos setentones los que recordamos con añoranza la actividad portuaria de Mollendo en las primeras décadas del siglo pasado, cuando era realmente el segundo puerto del país y nuestro mar mostraba a la vista barcos, lanchas y lanchones en afanes de embarque y desembarque y en medio de agitados brazos de estibadores, tarjadores, jefes de cubierta y múltiples oficios más. Al movimiento portuario se sumaba el de la pesca, el ferroviario, el carretero y otros que hacían bullir el trabajo en nuestra pequeña ciudad. Lo que más resaltaba era la labor de las agencias de aduana y de comercio, casi todas presididas por gringos procedentes de Europa y Norteamérica y cuyos apellidos eran invariablemente precedidos por el término Mister.
Recordamos particularmente a Cecil Bowes de la Compañía de Lanchas y a Kuminsky de la casa Grace Line (Linwood también estuvo en esta última) y ambas agencias eran las que timoneaban casi toda la dinámica del Puerto. Igualmente a Robert Houghes de la casa Roberts, Flannagan de Donnelly, Stamdem del Cable West Coast, Lindeman de la agencia Benavides, Martín Singelman, Cesare Ricottini y el enigmático Murley .
Hay cierto consenso en atribuir a estos gerentes haber sido portadores de una escuela de puntualidad y tesón en el trabajo además de que eran mayormente considerados con los empleados en comparación con los mandamases criollos. Asociaban los beneficios sociales al cumplimiento y la responsabilidad. Eran puntillosos al seguir los usos y costumbres de sus orígenes y los introducían entre nosotros dejando huella de sus novedades. El buen vestir y con finas telas, el uso de la corbata michi y de la pipa y el puro, el tono bronco al hablar su lengua nativa, la práctica del tenis, el golf y la pesca con caña y el respeto a la hora del Té o del “lounge”, han sido hasta cierto punto reincorporados. Casi todos fueron cónsules y hacían notar con sus propias banderas sus respectivos aniversarios patrios. Estos hábitos tenían exponenciales seguidores como el “Coro” Alvistur, el “Zambo” Orams y muy ruidosamente el “Gato” Najarro. No faltaban otras aficiones aparte de la gerencia como en el caso de la Peruvian cuyo gerente era un apasionado de la selva y no vacilaba en aprovechar los descansos laborales para viajar al Cusco y Madre de Dios. Houghes hizo estudios sobre las aves migratorias de Mejía y su hijo Robin era ornitólogo, cazador de mariposas y escribió en National Geographic.
El buen humor no les era ajeno aunque no llegaban a casos como el de ese gerente “Huatosucio” García que sin ser gringo y estando de regreso de Arequipa en su camioneta se perdió en la pampa de La Joya y sus miles de huellas de carro y tuvieron que ir a buscarlo en avión. Muchas más bromas circundaban a los gringos pero los que las sabían prefieren reservarse como tributo a su buen recuerdo.
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Tradiciones Mollendinas
EL “CHUECO” TAPIA
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Ya a mediados del siglo pasado el box había dejado de ser lo que fue desde décadas atrás. Nosotros lo hemos conocido casi como práctica privada y sólo relucía esporádicamente gracias al empeño del profesor Luis Barboza que traía a algunos boxeadores profesionales para medirlos con los representantes locales entre los que éramos cercanos a Carlos Bueno, “Camanejo” Granda y “Kid” Felipe. La última gran pelea a la que asistimos fue protagonizada por el “Loco” Cornejo, también conocido como “Lecca”, y el “Negro” Mopri, un peso pesado ya en decadencia que después estuvo varado en el Puerto. Esta pelea es recordada por el detalle de que en el segundo “round” se produjo un sospechoso apagón de dos minutos que fue aprovechado por Cornejo para darle de codazos en el rostro a su contrincante que cuando quiso reaccionar volvió la luz y fue amonestado por el juez. Es de recordar también que el agresor le llegaba a las tetillas de Mopri y no era entonces tan desatinado pensar que fue una argucia puntillosamente planificada.
Bueno, pero esto corresponde al box normal, o sea pelea en ring, con árbitro y segundos. Por ahora pondremos énfasis en las peleas callejeras o criollas que hacen tradición en todos los pueblos y en todos los barrios. En este tipo de riñas predomina la acción “a puño limpio, no pegar en el suelo y nada de quejarse”. Siempre destacaban en cada lugar tres o cuatro peleadores que por lo general guardan algo de ética profesional que les hace medir las consecuencias y pegar lo suficiente sin incurrir en brabuconadas o matonerías y menos en el abuso. Alguna vez un profesor entrenador dijo: Con sacar chocolate, basta. Pero son resistentes en el intercambio de golpes y algunos destacan por ser “duros”.
En los distintos barrios que hemos vivido conocimos a varios de ellos, tales como Marcial Gil, “Chevo” Amado, “Loco Vaccaro , Arturo Perea, “Gallito” Valcárcel, “Chuzo” Rojas, “Mellizo” Gonzales, “Matasca” Muñoz, etc. Y son muchos menos los que se ganan el respeto como peleadores serios y comportamiento que trasciende cierta dosis de nobleza y justicia. Uno de estos a quien hemos conocido bien es Guillermo “Chueco” Tapia Chávez. Blanquiñoso, bajo de estatura, piernas bien arqueadas, robusto y de carácter tranquilo. Pertenece a una familia de peleadores y desde niño se “mechaba” por defender a sus amigos y evitar el abuso. Tiene información sobre el box pero ha practicado casi todos los deportes- llegó a la representación distrital en ping pong- Pero más dedicación le prestó al fútbol habiendo defendido los colores de varios equipos, particularmente de los clubes Marítimo y Nacional (entre broma y serio algunos dicen que este último club se vino abajo desde que el “Chueco” lo dejó).
“También he sido duro, asimilaba mucho, pero casi por instinto me salía el afán de adelantarlo al rival, de madrugarlo con un buen golpe y no pocas veces terminaba ahí la pelea”. Esta estrategia tuvo resonancia en uno de los encuentros programados por el profesor Barboza. Había llegado un oficial de mar ranqueado como boxeador y le pusieron un “challenger” que después de observarlo un rato desistió de participar y entonces se buscó en la concurrencia quién subiera al ring. Algunas voces dejaron oir “el chueco, el chueco”. Le prestaron unas zapatillas que le sobraban desmesuradamente y se sentó en el rincón que había quedado vacío. El árbitro dio las instrucciones de reglamento y comenzó la acción. Al primer golpe cayó el marino al piso, tardó unos segundos en levantarse y se negó a continuar. De temer era el puño del amigo Tapia. Con esto queda ilustrada la imagen del peleador serio que trasciende.
Todo esto queda para el recuerdo, actualmente el “Chueco” pasa de los 70 abriles y no le corre al trabajo donde se desempeña con el mismo carácter apacible y decidido.
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Tradiciones mollendinas
Por: Dr. Anal Fairlie A.
LAS LOMAS DE ANTAÑO
Los padres y abuelos de muchos de nosotros recibieron el siglo XX preocupados a la vez que esperanzados en los tiempos que presagiaba la nueva centuria. Conducidos por la autoridad de la Iglesia, el párroco Juan B. “Tata” Arenas, llevaron al cerro más alto de nuestras lomas la llamada Cruz de Fierro – armada con rieles a los costados y madera de pino Oregón en la maestranza del ferrocarril- , halada por mulos, la víspera del primero de enero de 1900. La Cruz llevaba una placa de bronce con la relación de las autoridades de la época y fue dedicada a las nuevas generaciones de mollendinos bajo la admonición de la fe, la justicia y la igualdad entre los hombres.
Por esos primeros decenios, Mollendo se hallaba repartido entre las familias fundadoras. Así, don Tomás Pino aparecía como propietario del área enmarcada “ de la calle Huamachuco para arriba”. Los capataces de obras se ubicaban en esquinas estratégicas a las cinco de la mañana y tocaban sus pitos para despertar a los trabajadores. Con frecuencia amanecían varias recuas de mulos que traían toda clase de frutas de Camaná, Vítor y Siguas y que depositaban en el Tambo de la señora Manuela Calatayú asentado en la calle Iquitos donde la gente asistía para adquirirlas.
LA MOVILIDAD
Las carretas haladas por mulos eran el único medio de transporte; pertenecían a la firma Lazo y repartían la mercadería a establecimientos importantes como la casas Dorich, Loli, Franceschi, E.U. Mogrovejo, Calderón, Porcella, la librería Gambetta e Hijos y el hotel Versaglieri de don Felipe Iannacone. También transportaban el pescado desde el muelle y recorrían las calles para el recojo de la basura. Los primeros carros que llegaron fueron los Ford, consignados a la firma Osterlog que tenía la pastelería “ Las Delicias”. Los Dodge los trajo don Julián García. Uno de marca Overlang lo adquirió don Benjamín Rodríguez.
LAS OTRAS CRUCES
En 1922, sobre una colina cercana a la de la Cruz de Fierrro , se puso la Cruz de Palo, y en 1929 don Francisco Versace Delfino, italiano de Calabria, casado con doña Ascención Gambetta – padres de don Wido y Ernesto Versace G., quienes nos cuentan esta semblanza del antiguo Mollendo- colocó la cruz designada con su apellido en el Cerro Colorado,
VIDA EN LAS LOMAS
En esos tiempos sí que había vida en las lomas, pues estas anunciaban con sus colores la primavera y así como hay temporada de playa había una prolongada temporada de paseos campestres que dieron contenido a la canción “Puerto Bravo” de los hermanos Quintana.
Al iniciarse la primavera se establecían allí carpas de campo donde expendían víveres y licores. En setiembre había rodeo, previo aviso en los periódicos “La Patria” y “El Porteño”, convocando a los dueños del ganado para separar los vacunos, ovinos y caprinos. Para el efecto se alistaban varios jinetes, algunos de los cuales venían desde la sierra, que recorrían en polvareda todas las lomas y a punta de látigo y voces características guiaban a todos los animales hacia una quebrada para facilitar la cuenta. Como “propietario” de las lomas aparecía don Enrique Meza que cobraba un sol por toro y cincuenta centavos por borrego por derecho de pastar en sus “tierras”.
LA VEGETACIÓN
La garúa y la humedad del invierno permitían el crecimiento de un manto verde, lila y amarillo que engalanaba nuestros cerros. El “suncho” crecía alto y abundante de modo que de pronto se encontraba el paseante con un toro que bufaba y obligaba a poner pies en polvorosa y buscar protección en las carpas. Más arriba de la Cruz de Palo , en Quita Sol, crecía el tabaquillo hasta dos y medio metros de altura. Los cimachos disputaban con jilgueros y cholloncos los frutos silvestres. De estos, habían platanillos (especie de papaya arequipeña), sancayos (parecidos a la tuna), los “cactus de cure”. También se buscaban las raíces como la papilla y la yuquilla. Catarindo era una huerta hermosa, con higueras, granados y olivares, aparte de las legumbres que sembraban con cuidado y que protegía todo el año un vigilante.
De todo esto ya no queda nada, todo ha desaparecido, nos dice con nostalgia don Wido Versace.
¿Se comía pavipollo en las primeras décadas de este siglo en Mollendo? Tal parece un hábito relativamente nuevo y no precisamente derivado de la actual crisis económica. Don Ernesto Versace G., más conocido como “Neto”, nos dice que por esa época “el burro no era comestible, ni “guaguito”, eso era para el gallinazo”. “Neto” ha sido hombre de lomas; sus familiares lo llevaban desde pequeño todos los años y por largas temporadas. Allí tenían una de las cantinas que se instalaban en carpas durante el estío, donde también pernoctaban. “Los burros eran los vehículos que usaban las familias para el deporte de la caza. Partían por la noche, llevando carabina 44 y escopetas. Se caminaba lejos para ir en busca del guanaco, hasta Caballo blanco, Portillo Grande, Portillo Chico y Chascamiguel. Al amanecer se buscaba un lugar estratégico para atacar porque el guanaco no tiene hiel, puede correr todo el día y es muy veloz. Llegábamos con nuestras presas a las tiendas y regalábamos a los lomeros”. La escopeta la usaban para las palomas, especialmente las rabiblancas.
Ya en las tiendas se preparaban los asados. A veces se compraba un borrego para ese fin. Se armaban verdaderas francachelas que se lubricaban con vino, cerveza y anisado. “No faltaban las cuajadas que preparaban de la abundante leche al pie de la majada. En ese tiempo lo llamaban a uno para comer ¡eso era gente! Y no como ahora que esperan que el recién llegado espiante antes del medio día”. Recuerda a las familias de Abraham Uzátegui, “Coro” Albistur, “Ñato Málaga, Gustavo Flores Guerra, Honorato Eguiluz, Gustavo Jahnsen, “El Colorao” Delgadillo, “El Corito” Uzátegui. Infaltable era don Mariano Franco “Rey del Goceaje” y motor de las reuniones. Este último era tan amante de las lomas que allí pasó su último día. Se fue en su caballo a Tintayani, como siempre lo hacía, almorzó bajo la higuera de higo blanco, echó su siesta y así murió.
El muchacho “Perrohuile” Franco se encargaba de preparar la comida en las tiendas del Cerro Colorado. Inmediatamente seguía la música con victrola y guitarras. “El tundete nos hacía zapatear a lo criollo. Cantaban Humberto Lazzarini, Marcelino Guerreros y el “Negro” Armejo. Se bailaban las cuadrillas, mazurcas, marineras, polkas y valses. Eran señoras jaranas”.
Los niños paseaban y divertían de lo lindo. Llevaban tramperas de cuatro tapas, remolino y regiratorio para los jilgueros y los cholloncos y usando el agua como cebo. Sacaban las papillas, yuquillas y los platanillos. Tomaban leche y comían carne en cantidad; pero también caminaban y sudaban con entusiasmo y en días de campo esplendente.
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Tradiciones mollendinas
EL PAVIPOLLO Y LA REAL ACADEMIA
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Los burros no son tan ajenos a las tradiciones mollendinas. Si bien nunca han abundado, han participado de alguna manera en la cadena de interacciones cotidianas de la vida porteña. Su participación básica ha sido la de bestias de carga hasta mediados del siglo pasado o quizá sea mejor decir que hicieron de medio de transporte de la carga alimentaria – sobre todo tubérculos y hortalizas – que provenía del Valle de Tambo en grandes sacos de yute que el ferrocarril depositaba en la Estación. Llevarlos al mercado era asunto de ellos. Tenían pues su papel en la economía local y en nuestras necesidades alimentarias. Aparte, acompañaban también en los antiguos paseos a las lomas llevando bolsas de víveres, ollas y muebles ligeros como bancos y cunas con guagua y todo. Recordamos que algunas veces eran utilizados en festividades campestres para la carrera de burros, como suelen hacerlo en el Valle. No dejaban de ilustrar sobre cómo era el trabajo de las acémilas y sobre la verdadera envergadura del burro que tanta hilaridad causaba en los niños.
Por nuestra época infantil había dos compañías o, mejor dicho, dos recuas de burros. Recordamos particularmente la dirigida por don Baldeón que era el más descriptible por su enorme nariz roja que oscilaba al ritmo del paso de su montura. Tenía su estancia en el cruce de las calles Llosa y Deán Valdivia (antes Tambo) y salía a trabajar con seis o siete unidades, dejando siempre una o dos de repuesto. En su tránsito hacia la estación del tren dejaba huellas de su itinerario y una vez allí mostraba su destreza para el manejo de las sogas con las que ajustaba los pesados sacos en el lomo de sus bestias. Claro que mientras se registraba la mercadería corría un lapso en que los burros quedaban sin guía. Ese interín fue aprovechado una vez por dos zamarros que cuando se juntaban inscribían alguna picardía en los anales de nuestras palomilladas. Eran conocidísimos por sus apodos de “Picho” y “Marraqueta” y en esa oportunidad se les vio escabulléndose entre los animales portando unas espigas de arroz con las que rozaban a los cuadrúpedos y estimulaban sus genitales. Eso lo repetían cada que era posible burlar a don Baldeón y también mientras los burros ya cargados subían por la cuesta empedrada de la estación hacia la primera esquina de la calle Arequipa donde por entonces todavía atendía el Hotel Ferrocarril conocido por albergar generalmente a turistas extranjeros que desembarcaban de los barcos de recreo llamados “santas”. Justo cuando un grupo de esos turistas miraba desde allí el paisaje de las playas asomó la recua algo sobresaltada al tiempo que uno de los burros, mostrando su afán libidinoso, comenzó a dar saltitos sobre, al parecer, sus cinco patas. Las turistas se tapaban sus ojos con la mano pero con los dedos separados. Don Baldeón tuvo que llamar al orden y continuó su marcha en tanto que se logró ver a los dos zamarros soltando sonoras risas y corriendo hasta perderse en el Malecón.
Por la pasada década del 70 y de manera curiosa prendió de pronto el gusto de comer la carne de cría de burro o burro guaguito en preparados diferentes como caldo, asado, saltado y chicharrón. Nació sobre todo de una curiosidad de esos jóvenes que buscan nuevas experiencias y que incluso llegaron a inventarle la acepción de burro tierno al término pavipollo al que la academia de la lengua sólo le asigna el significado de pollo de pavo, sin tener nada que ver con solípedo alguno. Esta curiosidad tuvo aceptación entre los mollendinos residentes en Lima que la disfrutaban en sus comilonas de campo no sin destacar su aspecto gracioso. Pero también se escuchaba a varios de nuestros abuelos expresar su rechazo al asunto porque en su tiempo esa carne era “comida para gallinazos”. Los que no eran paisanos también lo tomaban como motivo de burla para molestarnos.
Hablando sin apasionamientos, no tiene nada de equívoco ese manjar, comparado por ejemplo con los extraños y terribles hábitos culinarios de otras latitudes, pero en nuestro caso todo lo dicho ocurría por el costo de situarse entre lo nuevo y lo cotidiano. El asunto final es que en nuestro peculiar medio ya se está perdiendo esa novedad no tanto por sus consecuencias de prejuicio cuanto porque ya no hay burros como antes.
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Tradiciones mollendinas
Yo escapé a nado de "El Frontón"
Por: Dr. Anal Fairlie A.
(Escrito en la revista "Puerto Bravo" de abril de 1983)
Mollendino, 75 años, 1.82 m. de estatura,maniobrista de Petro Perú, don Domingo Arriaga Delgado tiene una historia que puede dar lugar a más de una novela de aventuras. Perspicaz, agudo y ameno en su charla uno puede quedarse horas escuchándolo sin perder en lo más mínimo el interés. Se hizo conocido desde que se alistó en la Marina como el "Mono" Arriaga por pasarse encaramado pintando la arboladura de los buques de guerra. Le pedimos que nos cuente sobre su escape de la Isla del Diablo o el Frontón.
OPERACIÓN CONFORME
"Trabajé para el Partido desde muy joven recibiendo propaganda política procedente de Chile. Claudio Rivera la recibía en altamar y nos turnábamos con el finado Schamberer para esconderla en Chiguas. A fines de los años 30 y siendo presidente de la República Oscar R. Benavides, fui encargado de ir al encuentro de un falucho que traía bombas de Chile para hacer la revolución en Arequipa. Sin decirle el motivo me hice acompañar por mi cuñado Víctor "Poroto" Núñez. Hicimos el trasbordo en altamar y dejé la "mercadería" en la caleta de Arantas. Después me pidieron que la traslade a Chiguas por mayor cercanía. Allí debió terminar mi trabajo, pero me confiaron el encarguito de llevarla a Arequipa. Primero había que conseguir una recua de burros para sacar a la carretera las cajas que contenían las bombas. Luego las colocamos en el camión de Guillermo Quiroz que para disfrazar lo llenamos de botellas vacías de Calatayud. Ya en camino, en el puesto de Vítor sospecharon que podía llevar contrabando y hurgaron por entre las botellas con una varilla. En el puesto de Tiabaya nos pidieron que descargáramos. Era de noche y llovía. Dije que yo no lo haría y que si querían lo hicieran ellos o el chofer, sabiendo que éste no lo podría hacer solo, y me fui caminando sin perder de vista lo que acontecía. Terminaron por revisar con la varilla y dejarnos pasar. En la misma ciudad nos encuentra un policía mollendino amigo que era de la Ronda de Vigilancia y me dice: "Ya pue, primo, pásame algo de eso",pensando en contrabando. Me costó convencerlo de que sólo se trataba de lo que veía. Después un enlace del partido nos guió hasta Alata, en Tiabaya, no sin antes pasar por el cuartel Salaverry de Tingo, que estaba siendo refaccionado, y sin hacer caso al llamado de los soldados para detenernos. desembarcamos las cajas en un solar y las escondimos debajo de gran cantidad de trigo a granel depositado en un cuarto. Dormí allí y al día siguiente informé al Dr. Juan Guillermo Bedoya que la operación salió conforme".
UN SOPLO DELATOR
Regresa a Mollendo y a los tres días es detenido en la entrada del cine Teatro por la policía de investigaciones y mantenido incomunicado en la Comisaría, todavía de madera, "por llevar guano de islas a Camaná", cosa que había hecho antes por favorecer a algunos amigos como Baquedano y el "Pibe". Lo trasladan a Arequipa donde un jefe de investigaciones lo interroga con su revólver sobre la mesa. Por "soplo" se habían enterado de la mercadería, sin informar de esto a la policía de Mollendo. Como no hablaba un investigador lo golpeó en la cara pero recibió a cambio una patada que obligó a intervenir a varios más de sus colegas, en una lucha que hacía apostar por el vencedor. Ya pora entonces, el "Mono" Arriaga había vuelto de la Marina con cartel de boxeador. Al fin lo arrastran a una celda que cierran rápidamente y que no abrirían por muchos días después, ni para hecharle agua fría ni para sus necesidades fisiológicas. Cinco días sin comer. La comida que le llevaba su esposa se la daban en su delante a un perro. Algunos guardias amigos le pasaban después algo de fruta. A las dos semanas apresan a Guillermo Quiroz y al día siguiente lo sacan apuntándole con revólver a un carro celular y de allí al lugar del escondite, donde con trinches descubren por fin las guías de las bombas de entre el trigo.
"Me extrañó que estando ya detenido no hubieran sacado las bombas de allí. Capturan enseguida a Véliz, Calatayud, "Negus" y al mismo Dr. Bedoya a quienes castigan duramente. Vía Mollendo y en el Mantaro, con policía para cada uno nos mandan a Lima. Durante el trayecto pensaba escapar en Chala, tirándome de la popa, pero mis amigos me pidieron que no los dejase. Yo era nadador en Chule, por Sombrero Grande, donde me metía al mar, detrás del tumbo grande, con cabo y pescaba corvinas a nado y las sacaba en sartas. En el Callao y luego de que varias comisarían no quisieron recibirnos, volvimos a El Sexto y ocupamos una cárcel nueva y más segura, donde juntaron a los nueve comprometidos. Yo pedí al Dr. Bedoya que se aclaracen los detalles de los soplos y las denuncias. La cárcel era amplia, iluminada, con buenas camas y magnífica comida. Nos atendieron bien allí".
"RUMBO AL INFIERNO"
Pero eso duró poco. Días después los trasladan a El Frontón y ubican en un ambiente separado de los "comunes". Aparte de pequeños conflictos como que los del sur peleaban contra los del norte y donde él hacía de protector de los sureños, se iban adaptando a la nueva situación. Los "compañeros" organizaban charlas, caminatas, practicaban deportes y pescaban. Le llegaban buenas encomiendas de Mollendo mientras la familia intentaba infructuosamente de obtener su libertad. Se construye una cabaña e inventa una trampa para pescar y cuyo producto vendía a los comunes. Preparaba "chimbango", licor dulce de higos, y chichas de papas y de pan. Enseñaba a boxear y se divertían con una banda de música que improvisaban. Sus protestas y su intolerancia al abuso le hicieron el más castigado del grupo. Más que a la "Lovera" o celdas a las que llegaba el mar, temían "La Parada" o calabozos estrechos donde debían permanecer de pie y sin posibilidades de rascarse siquiera. Eso "bajaba la sangre" y a los tres días no se podía caminar ni estar de pie.
EL ESCAPE
Al año, don Domingo comenzó a preparar el escape. Pensaba hacerlo solo, pero fue imposible evitar que sus más cercanos advirtieran sus maniobras y se sumaran al plan de fuga. Eduardo Beckar, trujillano, Guillermo Qruiroz y Ulises Colina serían de la partida. Soldaron latas para llevar la ropa, hicieron hervir una lona en aceite y construyeron un cajón para descansar en el trayecto.
"Yo era el único hombre de mar y debíamos de ganar el verano. Fue un día de marzo, a las ocho de la noche. Nos organizamos para trasponer las salidas y los controles, previa advertencia a los demás para que no denunciaran el operativo. Ganamos la orilla y nos internamos en el mar sin chapalear, en dirección a Chorrillos para evitar la corriente. Luego doblamos hacia La Punta. El cajón hacía agua, no nos sirvió mucho. No podíamos saber cuantas horas llevábamos ya nadando y avistamos la Mar Brava de La Punta. Cerquita ya de nuestro objetivo, Beckar se entusiasmó, daba gritos de alegría, nadaba con estilo y dando "zapatazos". Yo le advertí de que se iba a cansar. De pronto sentimos una nueva corriente que nos separó de Beckar y se perdió sin que escucháramos nada de él; parece que se fue a pique. La corriente nos arrastró mar afuera en dirección a Ancón. La neblina impedía ver nada. Comenzó a aclarar y antes de perderse en altamar pensamos nadar hacia la Isla de San Lorenzo. Quiroz estaba exhausto; tratamos de hacerle un salvavidas con el cordel y las latas. Ya no daba más y me pidió la chaveta que yo tenía para ultimarse. No le hice caso y tratábamos de mantenerlo a flote; metió la cabeza al agua y expiró. Su cadáver lo dejamos flotando sobre dos latas. En ese momento sentimos en el alma no haber podido conseguir grasa para protegernos. La corriente nos seguía llevando. Ya nos resignamos a perecer. A las 9 o 10 de la mañana pasa un bote a la vela. Grito: "Al bote, auxilio" nos atendieron, subieron a Ulises y luego trepé yo.
LA LIBERTAD
Primero evitaron la patrullera y luego intentaron convencer a los faluchos que pasaban para que los dejen en tierra. Uno de ellos se animó a conducirlos a San Lorenzo con la promesa de volver al día siguiente, hasta que pasara la pesquisa policial ya iniciada. En la isla permanecían guarecidos en la cumbre de día y bajaban a un lugar más abrigado de noche. Al otro día policías y sabuesos buscaban a los prófugos sin éxito. Ellos miraban todo lo que pasaba desde arriba. Abordaron después al patrón de una lancha que iba con "chinchorro" a pescar por allí. Dos días más ayudaron a "calar"o pescar. Habían encontrado ya los dos cadáveres y el patrón de la lancha les pedía esperar. Se aproxima una patrullera y ellos se entierran en una cuesta. Se sienten disparos, se trataba de prácticas de tiro al blanco por esa zona. Al cuarto día y mediante una "zapata", bote plano, son llevados hacia la costa de La Punta y se tiran cerca del rompeolas. Mal trajeados y polvorientos y con los cincuenta soles que les dio el patrón tomaron el ómnibus rumbo a Lima. Sigilosos y con muchas precauciones fueron hacia la casa de Ulises; vieron a su hermana de luto. Supieron que en el cementerio de el Callao habían dedicado cuatro nichos con sus nombres. Después de varias correrías más son conducidos por Idiáquez ante Haya de la Torre y se hinicia otra serie de aventuras en la clandestinidad. Años después vuelve a Mollendo.
RARO EPÍLOGO
Actualmente don Domingo hace el mantenimiento del único "donque" que hay en el muelle y trabaja contratado por PetroPerú desde hace veinte años. Se encarga de las maniobras de acoderamiento de los petroleros en la cuarta playa. "En realidad no tengo ningún beneficio social, ni seguro; nunca me dan bonificaciones ni siquiera aguinaldos. Me dan para gasolina del año sin considerar que esta sube de precio cada mes. Se trabaja de día y de noche y no me cambian de bote con riesgo para mi seguridad". Entonces nos preguntamos: ¿Se le está castigando a don Domingo? ¿Y el Partido?.
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Tradiciones mollendinas
Cuando aún no había el bocado
Por: Anal Fairlie Altez
Esto ocurrió en los años que rodeaban a 1940, cuando la pastelería Estrasburgo gozaba del mayor prestigio en la provincia. Era propiedad de la señora Basurco, doña Teresa, que tenía su propio brillo en lo alto de las relaciones sociales. Regordita, de cara redonda y pelo recogido en moño sobre la nuca hacía su distancia con los niños de la calle. En esa época de comienzos de la Segunda Guerra Mundial la moda europea y particularmente la alemana se extendía hasta nuentros pudientes. El propio nombre que puso a su negocio tiene tanto de galo como de teutón. En nuestra mente infantil de esos años veíamos que doña Teresa vestía casi como las señoras alemanas que aparecían en las fotografías de la colonia austriaca procedente del Tirol situada en nuestro Cerro de Pasco, según reportajes de renombradas revistas como Leoplán que destacaba especialmente la vida en el Pozuzo. Con orgullo y elegancia pasaba su figura de la casa a la pastelería y viceversa. Para la misa de los domingos se la veía con el debido boato. Diríamos que le teníamos admiración y manifiesto respeto.
Quizá el mayor respeto no dejaba de proceder también de sus dos perros grandes y macizos, de pelaje abundante y colorido que pasaban la horas que debían cuidar la casa echados al pie de la puerta principal. Esa fachada sí que retardaba el paso de los andantes y nos alejaba del juego a los niños. Estamos hablando del cruce de las calles Aguirre y Zavala, en el centro del entonces pequeño Mollendo.
Una mañana se corrió la voz de que uno de los perros había mordido a un transeunte notable que no tardó en presentar su queja a la comisaría. Se supo también que para evitar percances similares la policía tomó la determinación de dar muerte al animal en el término de la distancia. Era indudable que el respeto a doña Teresa llevó a consultarle esa determinación. Por esos años todavía no había la práctica de dar bocado a los perros vagos y tampoco había dispensario de animales. También fue un comentario muy sentido que doña Teresa se opuso al uso del veneno para que su animal no tenga la muerte de perro y , quizá muy a lo alemán, condicionó el operativo a una muerte rápida.
A la mañana siguiente corrió el aviso al vecindario de que a cierta hora permanezcan los vecinos dentro de sus casas y sin asomar afuera porque el animal iba a morir a tiro de bala. Estuvimos detrás de nuestras ventanas cerradas esperando oir el estampido. Y así fue. Momentos después ya saliendo a la calle vimos al otro perro que descansaba solo al pie de la puerta. De él si recordamos su nombre: Huáscar y no hubiera sido raro que el nombre de su extinto compañero fuera Káiser.
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Tradiciones mollendinas
Golpe casi perfecto
Por: Anal Fairlie Altez
Exactamente en la mitad del siglo pasado ocurrió un hecho que remeció a la población de Mollendo. Desde tempranas horas de la mañana, se supo que en la madrugada precedente habían asaltado el negocio del Sr. Jorge Zuzunaga Flores. Se trataba de una tienda de las mayores que contaba la ciudad y ubicada en el mismo centro de la zona comercial. Aparte de artefactos de la llamada línea blanca tenía varias vitrinas que exhibían diversidad de relojes pulsera que constituían una irresistible atracción para la clientela. Se hablaba de una pérdida de varias decenas de miles de los poderosos soles de la época. Por supuesto que hubo movilización de la policía y, sobre todo, de la policía de investigaciones, así como detenciones equívocas y pistas falseadas que a poco fueron aclarándose y dejando la cosa con toda la apariencia de no haber dejado rastros y también de dejar pasar el tiempo al punto de pensarse de que se había dado un golpe perfecto.
Por entonces era muy activa la fábrica de hielo que quedaba a escasos metros del mercado San José en el pasaje que iba en declive al encuentro de la calle Iquitos. En ese declive habían dos modestas tiendas de abastos que más parecían modestas cantinas. Entre los parroquianos de una de ellas ocupaban una mesa del rincón dos aparentes amigos que con el paso de los días y de los tragos iban calentando sus diálogos hasta llegar a francas discusiones y hasta a empujarse mutuamente y salir gritándose a la calle. Uno de ellos era conocido como "Chunda" ya cuarentón, y al otro "Viejo" por su mayor edad.
-Yo también he cumplido mi papel.
- Eso no lo niego pero yo lo he craneado todo.
- Sin mis avisos ni siquiera hubieras podido entrar.
- Sólo silbidos no más. A mí me costó.
- Pero no es para que me des migajas.
- Te doy lo que corresponde por silbar.
- Ahora sí, no aprecias mi trabajo, mala gracia.
Con diálogos similares ambos se gritaban hasta en media calle y la repetición de estos encuentros alertó a más de un cliente de la fábrica de hielo y de allí devino la intervención de la policía para comenzar los interrogatorios. El Viejo hacía de campana mientras Chunda daba cuenta sobre todo de los relojes. El botín lo escondieron primero en la cueva que hay al pie del peñón del castillo Forga y después, ante el temor de ser descubiertos, lo ocultaron en una covacha aledaña al cementerio. De tiempo en tiempo sacaban una prenda, por ejemplo un reloj de oro, y si era difícil venderla la empeñaban. el Chunda lo tenía a propinas a su compinche.
Se dice que por influencia de don Jorge hubo conmiseración en el castigo aplicado al Viejo y no se volvió a saber de él, pero Chunda fue a parar a la cárcel de Siglo XX de Arequipa.
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Tradiciones mollendinas
JABALINA
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
(Tomado de la revista "Puerto Bravo" de noviembre de 1982)
Ocurrió el primer domingo del mes de noviembre del año 1936. Ya se gozaban los días soleados de primavera y el mar iniciaba su lento retiro para despejar las primeras playas del Puerto, Abel Fairlie Altez, que a la sazón contaba con 8 años y ocho meses de edad, y su amiguito Jorge Maturana retozaban entre la arena y las rocas aledañas a la Piscina Municipal que acababa de inaugurarse el último verano. Varios niños y jóvenes, entre los que se encontraban los hermanos Briceño, Díaz, Eguiluz, Manzanares, Paredes y Torres hacían pruebas de acrobacia en la arena húmeda y rodeaban al "gringo" Evans, de la casa Grace, que practicaba con la jabalina en competencia con otros adultos. Los dos menores se sentaron cerca de allí en una de las rocas que separan la Estación de la playa. Y sucedió de repente lo imprevisto.
- Sentí de pronto un fuerte golpe- dice Abel- y vi que mi rostro se bañaba en sangre. Me di cuenta de lo que pasaba cuando sentí prendida la jabalina en mi cabeza. Me la saqué con ambas manos, la tiré y me paré para ir a lavarme la herida al mar. No es como se leyó en el periódico que me la extrajeron. Entonces el "gringo" me cogió y tapó la herida con su pañuelo blanco; Me sacaron de la playa y me subieron luego a un automóvil Ford- de los primeros que llegaron a Mollendo- con rumbo al hospital. En la dirección que venía la jabalina Maturana estaba delante mío, más expuesto que yo, y unos milímetros decidieron al destinatario, pero ninguno de los dos atendíamos momentos antes a la jabalina.
Un diario de Arequipa reportó el suceso como sigue: Grave accidente en la playa.
El domingo a las 11 am., en la Primera Playa, cuando varios deportistas se encontraban haciendo pruebas de atletismo, ocurrió un grave accidente. El Sr. Henry Evans lanzó la jabalina que fue desviada por el fuerte viento, cayendo sobre la cabeza del menor Abel Fairlie. El Sr. Evans corrió inmediatamente a atenderlo, extrayéndole la jabalina. Procedió enseguida a cubrir la herida para evitar la hemorragia. Inmediatamente fue llevado al hospital El Carmen, donde lo atendieron los doctores La Fuente y Montoya, quienes en vista de la gravedad dispusieron que el menor fuese trasladado a Arequipa. A las 3 pm. en un auto de plaza se le condujo a esa ciudad, acompañado de su señora madre Julia de Fairlie. El niño fue internado en el Hospital Goyeneche donde se le someterá a una intervención quirúrgica...
"En la tarde de hoy preguntamos al Sr. Roberto Fairlie M. sobre el estado de salud del accidentado. Nos manifestó que en la mañana de hoy había sido sometido su sobrino a una operación en la clínica del mencionado hospital por los doctores Samuel Lozada Benavente, Alberto Sánchez Moreno y Oscar Herrera Montoya. En vista de ello llamamos por teléfono al Dr. Lozada, quien nos indicó que se había trepanado el cráneo del menor, pues tenía fracturada la bóveda craneana, con herida en las meninges, habiendo penetrado hasta la sustancia cerebral el cuerpo extraño, por lo cual se ha perdido parte de esa sustancia. Nos agregó que su estado es aparentemente satisfactorio pero que tenía que esperarse 24 horas para decidir la situación del paciente".
- No fue tanto el viento- opina Abel - lo que desvió la jabalina. Es posible que por el ímpetu de la competencia, el "gringo" hiciera un gran esfuerzo sin medir suficientemente la dirección, pues nos encontrábamos a prudente distancia del lugar de tiro.
HABLA MATURANA
- Nos encontrábamos cerca de la Piscina, cuando de pronto apareció por los aires una maldita jabalina que se incrustó en la cabeza de Abel y alcanzó, con la vibración, a darme con el palo en la mía.... Abel resistió el golpe tambaleándose sin perder el equilibrio y su reacción fue inmediata: Con gran esfuerzo y con sus propias manos logró arrancársela mientras le manaba abundante sangre. Vi que un "gringo" venía corriendo hacia nosotros. Yo me asusté con todo ese cuadro y corrí como alma que lleva al diablo hasta mi casa, donde permanecí escondido por varios días.
EL RECUERDO DE LA MADRE
- Un chico del barrio vino a avisarnos que mi hijo estaba en el Hospital. Allí me explicaron que nada podían hacer y que debíamos volar a Arequipa. Abel estaba despierto y con la herida cubierta. Llegamos a las 11 pm. al Hospital Goyeneche, donde nos esperaba un médico. Para impedir que se moviera, lo mantuvieron mayormente dormido durante los tres días previos a la operación. Recuerdo que me dijeron que sólo tendría 48 horas de vida después de la operación; pero luego de ésta, comenzó a reaccionar favorablemente. Debíamos cuidarlo continuamente para que permaneciera quieto. Los médicos dijeron que no le podían poner platino por su corta edad. Regresamos a Mollendo aproximadamente al mes. El insistía en jugar y seguir su vida norma, como que así fue.
LAS IMÁGENES QUE CONSERVA
Abel recuerda que en esa oportunidad fue el "negro" Saravaldez quien conducía el Ford 28 en el que viajó con su señora madre, en el tiempo que se cruzaba la Pampa de La Joya, con la sola guía del sol y las estrellas y se ingresaba a la Blanca Ciudad por Uchumayo y no por la pista del túnel que se construyó después. Conseva nítidamente la imagen del vapor que despedía el radiador del carro durante el viaje. Ya en el Hospital recuerda que despertó y vio en el velador un bizcocho de la "Cagalucha" y que su hambre le hizo saltar de la cama para tomarlo, pero perdió el equilibrio y cayó al piso. "Aún no tenía mayor conciencia de la gravedad de la herida".
SU VIDA ACTUAL
Hoy Abel, ya tiene 54 años, vive en el Callao y es especializado en la reparación de las máquinas tragamonedas. tiene brevete profesional y conoce el tránsito de la Capital al milímetro, aparte de haberse recorrido anteriormente todo el país. No tiene hijos pero sí muchos gatos y algunos canes que protege cuidadosamente con su esposa Carmen Julia Urías. El incidente le valió el apodo de "Jabalina" con que se le conoció el resto de su niñez y en su juventud. Aún conserva los trocitos de hueso que le extrajeron en la operación. En el lado derecho de su cabeza puede verse una gran cicatriz y palparse la hendidura de aproximadamente 6 x 4 cms.como último vestigio de aquel accidente playero ocurrido en el mismo año en que se inauguró la antigua e imponente Piscina Municipal.
(Abel falleció a los 60 años como consecuencia de alta presión arterial).
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Tradiciones mollendinas
Chocho, Súa y Kid Felipe
Por: Anal Fairlie Altez
Le decían "Chocho", y con más cariño "Chochito" porque todo él era una bolita: regordete, de pequeña estatura, cabeza globulosa pegada al tórax, vientre prominente y miembros recogidos. Bordeaba ya el medio siglo de edad y administraba la sucursal de la pastelería Guzmán en el 171 de la muy empinada calle Comercio. Aún por los años cincuenta de la centuria pasada la numeración de las casas era corrida y no por cuadras; por eso la pastelería tenía ese número pese a que se situaba en la cuadra sexta que era la de mayor declive y remataba entre las esquinas de la panadería Escalante y la tienda del "Chino" Ramón. Los pasteles que hacían allí tenían bien ganado prestigio por su presentación y exquisitez, particularmente sus alfajorillos y piononos y sus empanaditas de los domingos por la mañana que eran una delicia.
Todos lo recordamos a "Chochito" en su actitud soñolienta y ojos entornados a punto de dormir y no eran pocas las veces que se dormía en la silla desde donde vigilaba el mostrador. Los escolares que salían de sus clases sacaban partido de su sueño para birlarle algunos dulces levantando sigilosamente la cubierta de la vitrina y corrían con sus risas cuando algún ruidito lo despertaba y refunfuñaba amenazante hasta la puerta de calle de donde nunca pasaba. Este aprovechamiento no era tan ajeno a algunos jóvenes del vecindario por ser una de las bromas del barrio y si no creen pregúntenles a "Gallito" Valcárcel y a "Pichi" Chávez.
La vez que vamos a referir, todavía no se abría la tienda por lo temprano de la hora y "Chochito" sólo asomaba la redondez de su cabeza por la ventanilla aledaña al ingreso. De pronto un niño de 6 o 7 años llegó corriendo a la casa vecina y tocaba desesperado la puerta al tiempo que miraba asustado que subiendo por la calle se acercaba el "Loco Súa". El pequeño golpeaba la puerta con toda su fuerza sin despegar sus ojos de quien a su juicio era un monstruo comeniños. En realidad Súa no era ningún ogro, pero para los niños tenía toda la apariencia: algo bajo de estatura y corpulento a la vez, era un indio fuerte dedicado a cargar sacos y paquetes; llevaba siempre un sombrero corto y raído y sobre su precario vestido agregaba al hombro sacos de yute que le servían para la carga pero que acrecentaban su poder físico. Esa apariencia no asustaba tanto como su habla; era de suponer que conocía alguna lengua nativa, pero del castellano sólo conocía dos o tres palabras que le servían para cobrar en sus cachuelos y cuando se trataba de dirigirse a las personas sólo emitía un oh, , oh que sí era de ogro. Con su intimidante oratoria atemorizaba tremendamente al niño que no cesaba de golpear la puerta hasta que se abrió y entró veloz casi al momento que Súa lograba tocarlo suavemente. En realidad, Súa no comprendía el temor del niño y, para no creerlo, quería calmarlo acariciando su cabeza. Oh, oh llegó a decirle al familiar que por fin abrió la puerta.
Esta escena parece haber sido vista a la distancia por nuestro amigo Felipe Peña, ya conocido a la sazón por "Kid Felipe" por sus encuentros de box en el coliseo improvisado del Colegio Nacional Deán Valdivia. Él subía en dirección a ese colegio que quedaba dos cuadras más arriba. Se le veía bien plantado con su uniforme caki, zapatos lustrados al espejo y su característico moño sobre la frente. La casualidad hizo que se cruzara con Súa que al verlo se le aproxima con su oh , oh, posiblemente con la intención de justificar lo del niño, pero su facha indecente puso en guardia a Felipe que le reprochó algo en voz alta. Conforme a su costumbre, Súa se le acerca más como para darle un abrazo. Felipe retrocede un paso y le advirtió. Súa insistió en pegarse a él y entonses recibió un certero puñete en el rostro que pese a la fuerza del golpe no sacudió mayormentye la mole corporal de su ocasional oponente que nuevamente intentó el abrazo recibiendo otro golpe igual en el mismo sitio, cosa que se repitió unas cinco veces hasta que ambos se distanciaron un paso cual tácito acuerdo de tregua y como para dar por concluído el encuentro. Resultó entonces una evidente demostración de que Súa no sabía pelear ni agredir ni defenderse y que eso de "loco" era simplemente un decir y también que eso del abrazo del oso no cabía en él.
Felipe con un ademán de rechazo reinicia su rumbo quien sabe si pensando que le había dado su merecido por asustar a los niños. Súa, más que adolorido por los golpes se fue en sentido contrario pensando quizá en el dolor que sentía por no ser comprendido. Así pasó ese momento para los vecinos que sin querer asistimos a un espectáculo inusitado del que "Chochito" con sus ojos debídamente entornados no se perdió ningún detalle.
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Tradiciones mollendinas
GARIFO
Por: Dr.Anal Fairlie Altez
En nuestro tiempo de niñez y juventud hemos conocido dos personajes populares que arrastraban el apodo de Garifo. El primero era mayor de nosotros, no era del lugar ni sabíamos de donde procedía. Era parco en su comunicación y se mantenía aislado pero bien plantado. Pese a que se dedicaba a cargar bultos-generalmente de la estación al mercado- vestía con un único terno negro y corbata también única que cubrían una escurridiza camisa blanca. Ese terno era el más famoso de la ciudad y depositario de su identidad personal, pues llevaba no figuradamente sino realmente cientos de zurcidos visibles, variados y cuidadosamente confeccionados que se ajustaban al tipo de corte o desgaste de la tela. Alguien dejó escapar la frase de que no se sabía si era un casimir con zurcidos o un zurcido con casimir. Tenía bien merecido el crédito de tener habilidad para manejar la aguja de coser. Llevaba siempre consigo una talega para protegerse en su labor de carga y luego de usarla la doblaba con habilidad para esconderla entre su ropa y preservar así su apariencia de estar siempre bien enternado, especialmente cuando se apoyaba en la pared y esperaba que le soliciten su servicio. Una vez le vimos discutiendo con un cliente y defendiendo entrecortadamente su punto de vista.
Más cercano a nosotros estaba el otro Garifo, algo menor que nosotros, blanco, pelo castaño y ojos verdosos. Todas las mañanas se le veía saliendo con una bolsa grande con pan de la panadería donde vivía, situada en la calle Comercio, frente a la iglesia y vecina de la tienda de la esquina de la señora Cueto. Indudablemente que no era de la predilección de la propietaria de la panadería porque era tratado más bien como si fuera el hijo de la cocinera (así decíamos para referirnos al más desdichado de la casa, pero eso ha cambiado ahora que es un mérito ser hijo del cheff ) por lo maltrajeado y escaso de ropas. Se llamaba Humberto y ha veces le decíamos Humpry por su equivalente del inglés. De vez en cuando jugaba con nosotros a la pelota pero no se integraba al grupo, se alejaba en cuanto terminaba el juego y era de poco hablar y más bien huídizo.
Por razones de cambio de domicilio dejamos de vernos y cuando ya caminábamos por la adolescencia solíamos cruzarnos pero no nos hablaba ni contestaba el saludo. En uno de los comienzos de verano lo vimos en la playa recogiendo de la orilla "llotos"-esos pequeños crustáceos con masita roja en el vientre que junto con los camaroncillos abundaban entre la arena húmeda y se usaban como carnada en la pesca con anzuelo- en el lado de la piscina municipal y algo alejado de la masa de veraneantes. Primero usaba una primitiva ropa de baño, pero después se le veía desprendido de esa ropa, es decir, totalmente desnudo de modo que al agacharse para el recojo mostraba con desvergüenza su parte posterior. Ahí sí que nos dio mala espina esa total falta de escrúpulos. Al parecer se dedicaba a pescar con otros muchachos, sin tener que amistarse con ellos, entre las rocas detrás de la piscina. Poco después lo vimos muy descuidado andrajoso y recogido sobre sí mismo, miradas sigilosas sin responder a nada y desplazándose por las zonas oscuras. No hemos vuelto a saber de él pero nos quedó la impresión de que perdió posibilidades ciertas de tener mejor destino.
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Tradiciones mollendinas
EL ESPEJITO DE SIEMPRE
Por: Dr. Anal Fairlie Altez
Cuando nosotros entrábamos al tercero de primaria del Colegio Pacheco todavía no había terminado la Segunda Guerra Mundial, aunque ya el nazismo estaba en retroceso. En ese grado y en esa época los chicos rozábamos los albores de la pubertad y entre los mayores del quinto grado había algunos, como era el caso del forzudo Zanabria, que tenían más barba que sus profesores.
Nos tocó la señorita Carmen, finita, glamurosa y muy cuidadosa de su arreglo personal. De entrada no más ya la admirábamos mirándola con otros ojos. Vivía casi al frente del Colegio, en el predio multifamiliar conocido como la Villa Corzo, en el segundo piso, donde para subir había una amplia escalera de caracol que se miraba desde la calle. Algunas veces y al término de clases íbamos por ahí a tentar la posibilidad de verla subiendo grada por grada a esa gran casa de color verde y marcos blancos que era todo un adorno para esa cuadra de la entonces llamada calle Las Huertas.
Como en todo salón de clases contábamos con tres filas de carpetas dobles para los alumnos y una mesa con su silla para la profesora. Casi siempre nos tomaba la lección individualmente y sentada en su silla, pero cuando teníamos que entregar una tarea colectiva escrita hacíamos cola y ella de pie y arrimada a la mesa registraba nuestra entrega. Fue en una de estas ocasiones de hacer la cola que alguien puso un espejito redondo al pie de la mesa, sin que se sepa quién lo hizo ni cómo se arregló para colocarlo donde casi lo pisaba la profesora. Y se pasó la voz susurrante para escudriñar el espejito que apenas daba alguna señal de color. Se dio entonces la circunstancia de comparar dos procedimientos instructivos: el de la persuasión y el de la letra con sangre entra. En la cola nos tocó estar en el cuarto o quinto lugar y cuando llegó el momento, claro, era demasiado para que la profesora no advirtiera la artimaña. Con gran impacto le conocimos su dimensión desconocida. No hacía mucho que habían llegado esas reglas largas de madera y filete de metal, de las que llegamos a saber que también tenían dolorosos usos. Aún nos queda una pequeña señal en el codo y el recuerdo de una fierecilla que estalla cuando se trata de atentar contra el fuero femenino.
Ese fue nada más que un incidente, quizá el más sonoro de ese año, uno de los años felices de ese período. Y es que por encima de todo nos quedó impregnada la muñequísima figura de la señorita Carmen, de la justicia de sus calificaciones escolares y, aunque cueste creerlo, de su delicadeza.
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Tradiciones mollendinas
ORIGEN DE “PUERTO BRAVO”
Por: Dr. Anal Fairlie A.
Para tener una idea de don Salvador Quintana Valdivia hay que hacer alguna referencia a su entorno familiar que nunca ha abandonado. Su familia era como la que esperamos para Mollendo. Donde quiera que estuvieran sus miembros no dejaban de amar a su tierra y siempre estaban haciendo algo para enaltecerla. Como prueba de ello, diremos, por ejemplo, que uno de sus hermanos, de nombre Juan, fue presidente de uno de los clubes que precedieron al actual Club Mollendo de Lima. Fue un precursor digno de considerarlo para la historia de nuestro Club. Otros dos hermanos armaron primero el trío Los Porteñitos que después de ganar un concurso de interpretación musical a nivel nacional pasaron a denominarse Trío Perú, indicando que se proyectaban a mayor nivel, y hacían conocer la voz de Mollendo no sólo en todo este país sino también en los países vecinos. El hermano menor, Augusto, fue un muchacho precoz, pues a sus trece años de edad era ya un virtuoso de la guitarra y no sólo integraba el trío sino que fue capaz de dirigirlo y, sobre todo, disciplinarlo, al punto que después de breve tiempo lo llevó a la gloria del criollismo nacional.
Salvador es el último que nos queda de su familia de ancestro y nos es más conocido a los mollendinos porque tuvo el acierto de componer letra y música del vals Puerto Bravo. Una vez nos contó que se le vino la inspiración cuando regresaba en lancha de Chiguas a Mollendo viendo a su puerto oculto detrás de las rocas costeras. Entonces brotaron los primeros versos de esa canción:
Escondido entre las rocas
y bañado por las olas
te levantas Puerto mío
Salvador no sólo es caballero a carta cabal, es mejor amigo, y si bien ahora ya no frecuenta la guitarra fue un puntal cuando integraba el Trío Perú. Con él mantenemos comunicación fluida y gracias a ese contacto nos hizo el honor de acompañarnos en un viaje a Mollendo de la promoción 53 del colegio Nacional Deán Valdivia e hicimos recorridos por la ciudad y el valle. En uno de esos paseos nos tocó visitar Matarani donde nos esperaba la lancha de nuestro promocional Arturo Perea. Salvador nos esperó en el muelle y mientras nosotros surcábamos los mares del sur él, visitando las instalaciones portuarias, se encontró con un restaurante donde disfrutó de una gaseosa y muy cerca suyo, alrededor de una mesa, conversaban varios trabajadores y ¡Oh, casualidad de la vida! hablaban muy animadamente del vals “Puerto Bravo” y de un tal señor Quintana que lo había compuesto, agradeciendo con el alma tener un himno criollo representativo del pueblo. Salvador en su sencillez y humildad no se dio a conocer pero sintió en forma directa y en carne propia que:
1- Su canción merecía el agradecimiento de la gente del pueblo
2- Su canción representaba a plenitud la idiosincracia del porteño
3- Su canción suscitaba o despertaba el orgullo de ser mollendino, y
4- Su canción dejó de pertenecerle a él solo para convertirse en la primorosa voz de la tierra donde nacimos.
Siempre hemos pensado que estas razones son más que suficientes para que el Club Mollendo le rinda a don Salvador un fervoroso e inolvidable homenaje.
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Lomas de Mollendo Hoy en día(2009)
Gracias a las contínuas llovisnas que se han presentado en las postrimerías de la primavera (Noviembre-Diciembre) en la región Islay (lomas de Mollendo), es que los cerros que circundan la ciudad se muestran verdes y floridos. Después de muchos años tenemos lomas que atraen a personas para gozar de los días de campo. Esperamos que el clima siga favoreciendo para el bien de nuestra flora y fauna.
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ESTAMPAS DE NUESTRA TIERRA
MOLLENDO-ISLAY
TOMADO DE : GUÍA DEL VIAJERO DEL DIARIO" LA REPÚBLICA "
LITORAL DE AREQUIPA
COSTA BRAVA
Aunque pocos lo saben,Arequipa cuenta con la costa má extensa despoblada y desconocida del litoral peruano. Playas de arena que parecen no tener fin, roquedales y acantilados que resguardan viejas caletas, fértiles valles que acaban sobre las olas y vestigios de culturas milenarias a escasos metros de las aguas azules.
El recorrido comienza en el balneario de Lomas (a 9 kms. por carretera asfaltada a partir del km 528 de la Panamericana Sur), una pequeña caleta de amables pescadores conserva aún mucho del sabor tradicional de los viejos puertos. Le siguen Jiway y Moca dos bellas playas de arena blanca que cuentan con algunas casas de verano.
Puerto Inca es otro de los platos fuertes de esta ruta, pues combina la vista a un importante sitio arqueológico con una hermosa playa ideal para la pesca y el buceo, en especial la zona sur. Puyenca es otra playa de arena parda y muy fina que posee una ensenada perfecta y un mar tranquilo hasta en las peores crecidas. Se accede a Puyenca tomando un corto camino de tierra que parte del desvío ubicado a la altura del km 694 de la Panamericana Sur.
Al sur de Quilca o por el puerto de Matarani se encuentran las playas vírgenes de la costa arequipeña: Todas resguardadas del viento ( y la gente), de mar calmo y cristalino, ideales para la pesca y el buceo. Estas son San José y Honoratos, en donde se está desarrollando un importante proyecto de ecoturismo.
Finalmente, la ruta termina en Mollendo, un balneario de tradición que cuenta con una hermosa playa que baña un mar tan amigable como frío. Desde aquí también se parte al Santuario Nacional Lagunas de Mejía, paraíso para los amantes de las aves. En suma, un viaje inolvidable en donde casi todo es descubrimiento.
TOMADO DE "GUÍA DE PLAYAS DEL CAMINANTE"
ZONA DE MATARANI Y MOLLENDO
PUNTAS LOS ÁNGELES Y TUTUY
En los Ángeles aparecen otra vez los acantilados, con mar bravo. Se forman quebradas y cañones,termina en la Punta tutuy, a la que siguen barrancos y La Olla, una pequeña ensenada. Después de otra más amplia están...
PUNTA Y CALETA CENTE
O Zenteno. Pequeña salienteque forma una hermosa caleta con una playita de arena. Mar verde y transparente. Hay una quebrada con agua dulce; Esto es ya llegando a la
CALETA CARRIZALES
Hay una gruta donde habitan pingüinos, la mayor población que puede verse en la costa. Siguen barrancos que empiezan a elevarse hacia Caleta Difuntos, apenas una grieta grande. Luego la Punta y Caleta Quebrada Honda. Saliente pronunciada y acentuada por un islote al final. Sigue
PUNTA LA CONDENADA
Con acantilados escabrosos. Mar agitado al fondo del abismo. Zona de difícil acceso pero con un sombrío encanto. Luego las
ENSENADAS DE COTAYANI Y COLOCA
Lugares muy accidentados, llenos de islotes, callejones y salientes. Mar que golpea fuerte. Las playas son pequeñitas y de piedras. Al sur las
CALETAS DE TARPUY Y MOLLENDITO
Tarpuy tiene una bonita playa de arena y piedras. Mar bravo. Mollendito es buena para acampar. Tras varias puntas
PUERTO MATARANI
Si bien se les usó en forma eventual hasta el siglo pasado. A partir de 1914 se le habilitó como puerto sustituto de Mollendo, comenzando a operar comercialmente en 1952. Puerto muy ordenado y limpio. En el acantilado hay un monumento a la Vírgen, y se tiene una vista panorámica de la zona. Al pie está el pueblo de
ISLAY
Utilizado como puerto de Arequipa hasta 1870 en que Mollendo lo sustituyó. En 1880 los chilenos desembarcaron en este lugar para avanzar sobre Moquegua. Islay se llamaba antiguamente un pueblo que existía unos 300 metros al oeste de donde se encuentra el actual(fundado hace sólo 15 años) y que según los lugareños, fue abandonado por una peste que acabó con mucha gente. Hoy quedan apenas los cimientos de las casas y uno que otro muro. Islay el nuevo es un lugar floreciente y con todos sus servicios, aunque es una ciudad satélite del vecino Mollendo. La costa continúa acantilada y no hay playas hasta Mollendo.Luego los acantilados y la
PLAYA PERCY
Son sólo barrancos altos y accidentados. Los pescadores llegan a pescar en sus chalanas. Luego viene
PUERTO VIEJO
Aquí funcionó en el pasado el pequeño puerto de Islay. Siguiendo al sur por los acantilados hacia la Punta Islay se pueden ver varios islotes cercanos a tierra entre los que pesca la gente. En la punta la
PLAYA BISURE Y PUNTA ISLAY
La primera es una punta guanera donde hay más arena que piedras. Mientras que la segunda es más accidentada, se le llama Punta del Faro, por un faro rojo que hay en su cima. Desde lo alto es posible ver varios islotes cercanos a la orilla y un poco más alejado un grupo de islas entre las que destaca La Leona, por tener un parecido asombroso con la cara de un felino. Del otro lado
PLAYA PESCADORES
Ensenada de piedras donde se construye un embarcadero artesanal para los pescadores de Matarani. Al sur hay un par de boquerones a los que llaman Los Cañones (o Punta Cañones). Sigue una zona de difícil acceso por las fábricas, cuarteles y demás lugares privados. Sólo hay una ensenada libre que se llama
ENSENADA O PLAYA DE YUTA
Antes y depués de esta ensenada los acantilados se suceden unos a otros respaldados por un cerro de arena. Toda esta zona acaba abruptamente en un acantilado protegido por un alto cerro de ladrillos rojos, se trata de una fábrica que industrializa productos del mar y que ha tomado pasesión de la caleta. Más allá...
PLAYA LA SORDA
Antes balneario y hoy cerrado por la Marina. Luego la ex-caleta Agualima. Sigue
PLAYA Y PUNTA CATARINDO
Angosta, de arena y mar calmo. Hay un Centro de Investigación de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. En el verano hay mucho movimiento por su cercanía a Mollendo. En esta zona tan difícil aparece otra ensenada que es la
PLAYA CHUNGUNGO
En esta zona lo único que cambia es la presencia de numerosas viviendas de las zonas populares de Mollendo los que han puesto diferentes nombres a las caletas del lugar y por último
MOLLENDO
Utilizado como desembarcadero eventual hasta 1868, en que fue designado punto provisional de inicio del ferrocarril a Arequipa, obra a cargo de Henry Meiggs. MOLLENDO ES UNA CIUDAD HISTÓRICA Y TRADICIONAL. Sus calles se elevan y bajan como si fueran grandes toboganes. Con casas que sobrepasan el siglo de construidas, la ciudad es ordenada y limpia. Durante el invierno pareciera que la ciudad duerme pero en verano la cosa se pone efervescente y sus playas se llenan de gente de tope a tope , provenientes sobre todo de Arequipa. Sus playas son mucho más atractivas que sus nombres y empiezan con la
PLAYA UNO
De arena, orilla plana y mar ordenado, aunque a veces se pone temperamental. Hacia el extremo sur hay un morro salido que tiene en su cima una construcción imponente, bonita y muy peculiar que la gente llama El Castillo y que tiene una historia muy enredada. Al otro lado de este morrito empiezan las
PLAYAS DOS Y TRES
De arena fina, zonas pobladas hacia atrás, entre el acantilado y la playa, la línea del ferrocarril, ya inútil(?)S. Aquí el acantilado hace una costa verde, señal de que arriba empiezan los sembríos. Lo que sigue es la
PLAYA ALBATROS Y LAS ROCAS
En la primera un pequeño número de casas. En la Playa Las Rocas aparecen lugares sembrados al nivel del mar. Sigue lo que algunos llaman
PLAYA AEROPUERTO
Atrás de esta playa se encuentra un aeropuerto en desuso. Es posible ver algunas lagunitas cercanas a los cerros. Aquí sólo se ve gente que pesca y uno que otro veraneante. siguen las
PLAYAS SOMBRERO CHICO Y SOMBRERO GRANDE
La primera debe su nombre a un pequeño cerro aislado que se encuentra atrás de esta playa, cercano a la carretera. La Playa Sombrero Grande tiene un cerro más grande. Aquí llega gente de Mejía, lindo balneario que empieza luego....
ZONA DE MEJÍA
PLAYA CHIRIZUYA
Es una sola con con el Balneario de Mejía. Pequeña playa de arena con una curva hacia el sur donde verdaderamente empieza el
BALNEARIO DE MEJÍA
Hermoso pueblo costero. Todos los servicios. Restaurantes de ramada en la playa Peñas grandes en la orilla que separan a las
PLAYAS UNO, DOS Y TRES
Playas pequeñas. Hay salvavidas pese a que el mar es por lo general muy tranquilo. Hay que trepar las peñas para llegar a las
PLAYAS EL CONTO Y LA MOTOBOMBA
En El Conto el paisaje parecido al del sur de Mollendo. Mar que comienza a ponerse más bravo. La Motobomba es una playa recta , de arena . Luego se comienza el Santuario Nacional
LAS LAGUNAS DE MEJÍA
Humedal costero que forma parte del Sistema Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SINANPE). Alberga una impresionante diversidad de aves migratorias y acuáticas, totorales. Un paraje de ensueño para recorrer hasta la
BOCA DEL RÍO TAMBO Y PLAYA CATAS
La playa tiene muchos palos arrastrados por el río. Difícil de cruzar, después está la Playa de Catas. Pueblo pintoresco y chiquito de aire serrano, situado a unos quinientos metros de la playa. es el lugar del sur por donde se ven más burros para carga (principalmente leche fresca). Un par de tiendas y restaurantes. Luego viene
PLAYAS DE LA PUNTA, QUEBRADA HONDA, CARDONES, EL MUELLE Y AGUA SALADA
La Punta relativamente grande ubicado en La Punta de Bombón. Todos los servicios. De aquí hasta Ilo, en Moquegua, solo encontraremos pequeñas poblaciones, se ven pescadores, macheros y grupos de chinchorreros.Quebrada Honda es una playa larga de arena, mar abierto y soledad. Sin señales se convierte en Cardones, luego en el Muelle y finalmente en Agua Salada. Más allá
PLAYA LAS CUEVAS
Hay unas cuevas que no se ven desde la orilla y que según aseguran, están en los cerros detrás de la playa. Para alcanzarlas hay que atravesar la nueva carretera costanera que llega hasta Ilo. La playa se estrecha hasta desaparecer en la
PLAYA RINCÓN DE CORÍO
Final de esta larga playa que empezó en Mollendo, sin interrupciones, salvo Mejía y el río Tambo. Empieza otra zona de acantilados alternados con pequeñas playas y caletas. Cierra el camino la
PUNTA CORÍO
Saliente muy pronunciada, alta y de roca maciza Se ven muchos cactus en los cerros blanquecinos, no por el guano sino por el color de sus piedras. Luego están las
PLAYAS PLAYUELAS (CHICA Y GRANDE)
Ambas de arena, de orilla plana y mar amansado por las dos salientes que las limitan. Hay matas de hierba que forman unos círculos verdes sobre la arena secas. Buen sitio para acampar. Cortadas por la
PUNTA CORDEL
El nombre le viene por la pesca a cordel que allí se practica. Después de esta punta desaparecen las playas y altos acantilados vuelven a abrirse paso. Aparece entonces punta Lobos. Bajo el altísimo acantilado hay islotes que suelen estar poblados por lobos marinos, de allí el nombre. Peligroso verlos desde la altura aunque se los escucha a lo largo del día y la noche. Sigue Punta Carrizales, con un par de islas, a sus pies son las
ISLAS MANSA Y BRAVA
Mansa es la mayor y más apartada de la punta. Las aguas que la rodean son quietas. Brava es un pequeño islote de poca altura que forma un callejón con la punta, lo que hace que las aguas se agiten. al sur de estas se encuentra Iñane o Cruz verde. En realidad este sitio ya está en
CALETA COCOTEA, PUNTA JESÚS E ISLA GRANDE
Cocotea es más bien una ensenada de altos acantilados y un par de pequeñas playas, de arena entre piedras. Sigue la saliente Punta Jesús, de mediana altura, donde ne inicia otra zona de acantilados. En el mar el más grande islote de la zona, llamado Isla Grande o Isla Jesús. Avanzando por los acantilados se llega a
PLAYA ACAPULCO
Una ceja de arena donde hay una edificación moderna en desuso. Junto a los cimientos hay una poza de donde fluye un hilo de agua dulce. Playa de arena en su lado norte. Luego de una saliente de piedras viene una zona con menos arena. Aquí comienza la Punta y Caleta Pacay. Pequeña saliente que forma una saliente que forma una caleta sin playa y con mar bravo. Al sur está La Punta Las Almas. Otras saliente. No muy lejos la
ISLA EL FRAILE
La isla más grande de este grupo de islotes, atravesando la punta queda un lugar al que los pescadores llaman Unir. Su extraño nombre parece responder a una inscripción en un cerro detrás de la punta Las Almas. Hasta que llegamos a la
PLAYA DE AMOQUINTO
Más que una playa una quebrada, las que se suceden , grandes y pequeñas pero siempre escarpadas hasta Punta Yerba Buena.
El primer poblado de la zona se encuentra en la altura de esta gran saliente de altísimos acantilados. es un valle costero donde abundan los olivos. En este lugar un gran número de campesinos convierten en cierta época del año, las ramas secas de olivo en carbón. Se divisan enormes humaredas desde lejos. Es en esta punta donde Arequipa le dice adiós a su costa.
BREVE HISTORIA
Mollendo en sus primeros tiempos estuvo poblado por nativos que vivieron de la pesca y de la incipiente agricultura del Valle de Tambo. Posteriormente llegó a ser en su mejor época, el segundo Puerto en importancia del Perú, y puerta de ingreso a Arequipa, Puno, Cusco, Bolivia, etc. Hoy convertido en una "Ciudad, Balneario y Turístico del Sur del Perú", con pronta puesta en acción del Muelle Pesquero Artesanal y del Muelle Turístico. Junto con Mejía y Matarani están llamados a ser el Futuro Polo de Desarrollo del Sur del Perú.
En los últimos años se han hecho una serie de obras muy importantes para Mollendo.
OBRAS REALIZADAS EN LOS ÚLTIMOS AÑOS
OBRAS POR HACER
EL CASTILLO FORGA
José Miguel Forga Selinger lo mandó a construir, en el año 1910 estaba concluida la obra. Llamado también "La Casa Blanca" por el color de la piel de los que allí llegaban.
Ahora silencioso y abandonado, el tiempo a minado sus estructuras y algunas vigas han sido dañadas por el óxido del mar, sus paredes muestran rajaduras, signo inequívoco de su agonía. Este es un fiel testimonio de la indiferencia de las autoridades competentes, a pesar de ser considerado un "Símbolo de Mollendo", y monumento Histórico Nacional por Resolución Ministerial No. 775-87-ED
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ESTADIO MUNICIPAL
Una obra muy importante para el deporte mollendino, pero la demora en su culminación está trayendo problemas a los equipos de fútbol .
-Retiro de equipos del campeonato
-Problemas económicos
Esperamos que muy pronto esta obra esté terminada.
LA COSTANERA
La Carretera Costanera Camaná- Mollendo-Ilo-Tacna fue concebida desde el punto de vista geopolítico por el Gra. Juan Velasco Alvarado y constituye una obra muy importante para el desarrollo del Sur del Perú.
Estos trabajos se iniciaron en La Punta el año 1974 a cargo del Ejército Peruano; Sin embargo han transcurrido los años y no se ha concluido.
Comprende los tramos:
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OBRAS PARA ISLAY
El Dr. Juan Manuel Guillén, Presidente de la Región Arequipa acompañado de otras autoridades de la Región, llegó a Mollendo el día 07-11-08 trayendo cheques para la realización de obras para la Provincia de Islay como:
- Remodelación y construcción del nuevo local del I.E. Deán Valdivia.
- Trabajos de Agua y Desague para los pueblos jóvenes "Obreros Municipales", "3 de Enero" y "Los Pinos".
- Ampliación de la Planta de Tratamiento de agua potable "Hernán Perochena" a 200 litros por segundo, beneficiando a Mollendo, sus Pueblos Jóvenes y Matarani.
- Se firmó un convenio con la UNI y entregó un cheque para la culminación del Muelle Artesanal de Mollendo.
- Entregó el perfil aprobado por la OPI y registrado en el SNIP de la futura presa de compensación del Valle de Tambo ubicada en el sector de Huayrondo.
- Entregó un cheque para el tratamiento de aguas servidas de Cocachacra y El Arenal.
LAS LOMAS Y LA CRUZ DE FIERRO
LAS LOMAS .-Todos las recuerdan, añoran, escriben y componen poemas y canciones, pero nada más; Actualmente están desérticas, no hay nada, pero esto se puede revertir aplicando la tecnología de los "Atrapanieblas"- Estas son mallas de nylon muy finas de 4 x 12 metros. Sostenidas por unos postes y que se colocan en los cerros de las cordilleras costeras a una altura de 700 a 900 metros sobre el nivel del mar. Las lomas de Mollendo cumplen con todos los requisitos que se necesitan para que sea aplicable esta tecnología. Estos Atrapanieblas ya se han aplicado bastante en el norte de Chile, Las Lomas de Lachay (Huacho), Lomas de Atiquipa(Arequipa), en el distrito de La Molina para arborizar sus lomas, etc.
Estas mallas atrapan las microscópicas gotas de agua que vienen con la neblina o camanchaca, recolectadas por canaletas y almacenadas en estanque para su posterior uso.
LA CRUZ DE FIERRO ._Por indicación del Vaticano, se mandó a colocar una cruz en el punto má alto del pueblo, con la finalidad de recibir el advenimiento del siglo xx, es así que en el año 1900 el Presbítero Juan B. Arenas, autoridades y devotos colocaron una Cruz de Fierro de aproximadamente 5 metros de altura por 3 de ancho. Esta fue hecha con rieles de ferrocarril y en sus ranuras llevan madera prensada.
Con las fotos que se muestran, quiero llamar la atención, ya que ellas hablan por si solas.
Estas fotos muestran como eran antes y como es ahora.
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HOSPITAL" MANUEL DE TORRES MUÑOZ"
Fue inaugurado el 17 de Julio de 1967 a cargo del Ministerio de Salud con su respectiva partida presupuestal, con personal e instrumentación necesaria para la atención médica profesional en todas las especialidades. Este hospital tambien daba atención a pacientes asegurados del IPSS y trabajadores portuarios con un sistema de seguro particular. En 1987 el gobierno lo integró al IPSS y en el gobierno del presidente Alberto Fujimori no fueron aprobadas las partidas presupuestales correspondiertres al MINSA, por lo que vino el decaimiento en la atención hospitalaria de la Provincia de Islay. En La actualidad se ha desmantelado en su mayor parte la infraestructura, instrumental médico quirúrgico, el personal profesional especializado y la atención de consultorios externos. Algunos de los pacientes que requieren atención especializada, son transferidos a Arequipa,muchos de ellos fallecen en el camino.
EL PROBLEMA DEL AGUA
Existe entre la Provincia de Islay y Moquegua una confrontación por la distribución del agua. El proyecto especial "pasto Grande" ubicado en Moquegua, profundizó mas el problema de la escasez de agua para los agricultores del Valle de Tambo en época de estiaje.
El 29 de Setiembre de 1994, el Presidente de la Región, Arq. Edgar Tejada y el Ministro de Transportes y comunicaciones firmaron un convenio para dar inicio a las obras de la Represa de Tolapalca, única solución definitiva al problema hídrico del Valle de Tambo. En tanto se construya la represa, el Proyecto Pasto Grande entregará un volunen de 8,2 millones de m3 de agua, del 1ro. de Setiembre al 31 de Diciembre.
LA REPRESA DE TOLAPALCA HA QUEDADO EN EL OLVIDO.
MUELLE PESQUERO ARTESANAL Y MUELLE TURÍSTICO
Cuando uno viaja a un puerto, lo primero que hace es visitar su malecón, en el caso de Mollendo tenemos uno muy acogedor, primero miramos a la izquierda y observamos la Estación del Ferrocarril muy bien refaccionada, el Castillo Forga y el Complejo playa1 con toda su infraestructura muy bien diseñada, en segundo lugar miramos al frente y nos encontramos con la Piscina Municipal y la Isla Ponce, por último miramos a nuestra derecha y observamos nuestro muelle, donde podemos observar un Muelle Pesquero Artesanal ya inaugurado, un Muelle Turístico por concluir y el Rompeolas paralizado por falta de presupuesto. Es urgente que este Rompeolas quede terminado porque si no hecharíamos a perder todo lo invertido y la mejor solución sería darlo a concesión.
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REMEMBRANZAS
Mollendo de mis Recuerdos
Lomas de Antaño
El Paseo a las lomas, costumbre tradicional muy mollendina,llegó a tener una fuerte incidencia de carácter económico y social, por las condiciones climatológicas.
Hace muchos años, cuando las precipitaciones pluviales eran de consideración, los cerros y las quebradas se cubrían de una tupida vegetación de hierbas y arbustos como el amancay, la ambarina, el zuncho y otras plantas.
El paisaje natural era hermoso e impresionante. El marco geográfico de la aridez, daba paso a una extensa sábana verde, salpicada de flores de diferentes colores: blanco, violeta, amarillo; para recibir a una ganadería trashumante de vacunos y ovinos.
Las lomas entraban en remate, quienes salían favorecidos, pagaban un impuesto denominado "la liga", al final de la temporada se realizaban "rodeos" en las lomas de "Cerro Colorado", "Tintayani", "Lluta". El ganado debidamente invernado se transportaba con destino a las ciudades de Arequipa y Lima.
Los burros cimarrones y huanacos que bajaban de la Sierra, eran objeto de casa. Un borrego costaba S/. 3.00; abundaba la leche que se vendía en "burros "por las calles.
Familias visitaban las lomas para festejar onomásticos y otros acontecimientos sociales. Los jóvenes se divertían en las "tiendas-cantinas", armándose verdaderas jaranas, y no faltaban damiselas en algunas de ellas que ofrecían sus caricias.
Los fines de semana, los niños y adolescentes, concurrían frecuentemente a las lomas, jugaban y se divertían atrapando pajaritos y saboreaban los frutos de los arbustos: papilla, yuquilla, platanillo. Las personas adultas pasaban horas de descanso, relajamiento y paz espiritual, contemplando su Mollendo querido y la inmensidad del mar.
Debido a la escasa llovisna (sequías periódicas), las lomas permanecen áridas, pero es posible promover el turismo social, -como vieja reminiscencia de otros tiempos, cuando se realizaban los paseos a las lomas de "Catarindo", "Tintayani", "Mollendito", "La Cruz de Palo"- sería interesante se programara cientificamente la reforestación. aprovechando el agua de niebla, como lo han hecho en Chile, con resultados positivos.
Del:Boletín Informativo del Club Mollendo,Marzo 2003
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MALECÓN TURÍSTICO PLAYA UNO
SE INAUGURÓ EL MALECÓN DE LA PLAYA UNO, EN EL MES DE FEBRERO. |
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MUELLE TURÍSTICO SE INAUGURÓ EL MUELLE TURÍSTICO |
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Homenaje
Por encargo del Consejo Directivo del Club Mollendo, se entregó diplomas a los Srs. Aurelio Galdos Salas y a Ricardo Ocharan Villalobos, en mérito a su Ejemplar Comportamiento Cívico. Esto en la ciudad de Mollendo en el mes de febrero del 2009.
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AURELIO GALDOS SALAS |
Anal Fairlie A. Galdos y Edgar Chávez |
A. Galdos, junto a su hija |
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RICARDO OCHARAN VILLALOBOS |
FAIRLIE ENTREGANDO EL DIPLOMA |
SALUDO |
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HOMENAJE A "CALANCHO" PINTO